El Rosario - Un arma venida del Cielo


L
a Madre de Dios en persona, le enseño a Santo Domingo de Guzmán a rezar el Rosario en el ano 1214, y le dijo que propagara esta devoción y la utilizara como “arma poderosa” en contra de los enemigos de la fe.
 

Desde el ano 1,100 al 1,200 ya el rezo del “Dios te salve Maria” era muy frecuente en varios lugares, y muchas personas que no podían rezar los 150 Salmos (como se acostumbraba), o sea el Salterio tratan de reemplazarlos 150 veces con esta oración mariana.

 Domingo de Guzmán era un santo sacerdote español que fue al sur de Francia para convertir a los que se habían apartado de la Iglesia por la “herejia albigense”. 

Esta enseña que existen dos dioses, uno del bien y el otro del mal.  El bueno creo todo lo espiritual.  El malo creo todo lo material.  Como consecuencia, para los albigenses todo lo material era malo.  El cuerpo es material; por tanto, el cuerpo es malo.  Jesús tuvo un cuerpo, por consiguiente, Jesús no es Dios.

También negaban los sacramentos y la verdad de que Maria es la Madre de Dios.  Se rehusaban a reconocer al Papa y establecieron sus propias normas y creencias.  Durante anos los Papas enviaron sacerdotes celosos de la fe, que trataran de convertirlos, pero sin mucho éxito.

Santo Domingo trabajo por anos en medio de estos desventurados.  Por medio de su predicación, sus oraciones y sus sacrificios, logro convertir a unos pocos.  Pero muy a menudo, por temor a ser ridiculizados y a pasar trabajos, los convertidos se daban por vencidos. 

Según cuenta el Beato Alano de la Roche: “viendo  Santo Domingo que los crímenes de los hombres obstaculizaban la conversión de los albigenses, entro en un bosque próximo a Tolosa y paso en el tres días y tres noches en continua oración y de penitencia, no cesando de gemir, de llorar y de macerar su cuerpo con disciplinas para calmar la cólera de Dios; de suerte que cayo medio muerto.  La Santísima Virgen, acompañada de tres princesas del cielo se le apareció entonces y le dijo – Sabes tu, mi querido Domingo, de que arma se ha servido la Santísima Trinidad para reformar el mundo?  ¡OH Señora,- respondió el- vos lo sabéis mejor que yo, porque después de vuestro Hijo Jesucristo fuisteis el principal instrumento de nuestra salvación.  Ella añadió- Sabe que la pieza principal de la batería fue la salutación angélica, que es el fundamento del Nuevo Testamento, y por tanto, si quieres ganar para Dios esos corazones endurecidos, reza mi salterio.

El Santo se levanto muy consolado y abrasado de celo por el bien de aquellos pueblos, entro en la Catedral.  En el mismo momento sanaron las campanas por intervención de los Ángeles para reunir a los habitantes, y al principio de la predicación se levanto una espantosa tormenta; la tierra tembló, el sol se nublo, los repetidos truenos y relámpagos hicieron estremecer y palidecer a los oyentes; y aumento su terror al ver una imagen de la Santísima Virgen expuesta en un lugar preeminente, levantar los brazos tres veces hacia el cielo, para pedir a Dios venganza contra ellos si no se convertían y recurrían a la protección de la Santa Madre de Dios.

El cielo quería por estos prodigios aumentar la nueva devoción al Santo Rosario y hacerla mas notoria.  La tormenta ceso al fin por las oraciones de Santo Domingo.  Continuo su discurso y explico con tanto fervor y entusiasmo la excelencia del Santo Rosario, que los moradores de Tolosa lo aceptaron casi todos, renunciaron a sus errores, y en poco tiempo se vio un gran cambio en la vida y las costumbres de la ciudad”. 

Santo Domingo, inspirado por el Espíritu Santo, predico todo el resto de su vida el Santo Rosario con el ejemplo y con la palabra, en las ciudades y en los campos, ante los grandes y los pequeños, ante sabios e ignorantes, ante católicos y herejes.

El Santo Rosario que rezaba Domingo todos los días, era su preparación para predicar y su acción de gracias por haber predicado.

Un creciente numero de hombres se unió a la obra apostólica de Domingo, y con la aprobación del Santo Padre, formo la orden de Predicadores Dominicos; difundiendo el Santo Rosario por todo el mundo. 

CONTENIDO:

 LA FIESTA DEL ROSARIO – 7 DE OCTUBRE – NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO 

En 1571 la cristiandad era  amenazada por los musulmanes.  El Papa San Pío V pidió a todos que rezaran, particularmente el Rosario, para obtener la victoria.  Y así sucedió el 7 de octubre. 

El Islam ( los musulmanes)  ya había arrasado con la cristiandad en el norte de África, en el medio Oriente y otras regiones.  España y Portugal se había librado después de siglos de lucha.  La amenaza se cernía una vez mas sobre toda Europa.  Los musulmanes querían dominarla y acabar con el Cristianismo.

La situación para los cristianos era desesperada.  Italia se encontraba desolada por una hambruna, el arsenal de Venecia estaba devastado por un incendio.  Aprovechando esa situación, los musulmanes invadieron la península de Chipre con un formidable ejercito.  Los defensores de Chipre fueron sometidos a las mas crueles torturas. 

El Papa San Pío V trato de unificar a los cristianos para defender el continente europeo pero contó con muy poco apoyo.  Por fin, se ratifico la alianza en mayo de 1571.  La responsabilidad de defender el cristianismo cayo principalmente en Felipe Ii, rey de España; los venecianos y genoveses.  Para evitar rivalidades, se declaro al Papa como jefe de la Liga.

El ejercito contaba con 20,000 buenos soldados, además de marineros.  La flota tenia 101 galeones y otros barcos mas pequeños.  El Papa envió su bendición apostólica al Capitán General y todo sus soldados por medio del Nuncio y le hizo llegar un Rosario, con el que predijo la victoria diciendo: “con esta señal vencerás”.  Ordeno además que sacaran de su ejercito a cualquier soldado cuyo comportamiento pudiera ofender al Señor.  Antes de salir a batallar, los soldados cristianos se confesaron, acudieron a Misa, comulgaron, rezaron el Rosario y entonaron un canto a la Madre de Dios. 

San Pío V, miembro de la Orden de Santo Domingo, y conciente del poder de la devoción al Rosario, pidió a toda la Cristiandad que lo rezara y que hiciera ayuno, suplicándoles a la Santísima Virgen su auxilio ante aquel peligro.

Poco antes del amanecer del 7 de Octubre, la Liga Cristiana encontró a la flota musulmana anclada en el puerto de Lepanto.  Al ver los musulmanes a los cristianos, fortalecieron sus tropas y salieron en orden de batalla.  Los musulmanes poseían la flota mas poderosa del mundo, contaban con 300 barcos, además tenían miles de cristianos a bordo como esclavos. 

Los cristianos estaban en gran desventaja, siendo su flota mucho mas pequeña, pero poseían un arma insuperable: el Santo Rosario.  En la bandera de la nave capitana de la escuadra cristiana ondeaban la Santa Cruz y el Santo Rosario. 

A la armada cristiana se le dificultaban los movimientos por las rocas y los escollos que destacaban la costa y un viento fuerte que le era contrario y desfavorable.  La escuadra musulmana era muchísimo mas numerosa y el viento le favorecía grandemente.

Mientras tanto, miles de cristianos en todo el mundo dirigían su plegaria a la Santísima Virgen con el Rosario en la mano, para que ayudara a los cristianos en aquella batalla decisiva.

Los cristianos dieron la señal de batalla enarbolando la bandera enviada por el Papa con la imagen de Cristo Crucificado y de la Virgen, y todos se santiguaron.  Los generales cristianos animaron a sus soldados y dieron la señal para rezar.  Los soldados cayeron de rodillas ante el crucifijo y continuaron en esa postura de oración ferviente hasta que las flotas se aproximaron.

Los musulmanes se lanzaron sobre los cristianos con gran rapidez, pues el viento le era muy favorable.  Pero el viento que era muy fuerte, se calmo justo al comenzar la batalla.  El viento recomenzó, pero en otra dirección, ahora favorable para los cristianos lo que los empujo en contra de las naves musulmanas.  El humo y los fuegos de artillería se iban sobre el enemigo, casi cegándoles y al fin agotándolos.

La batalla fue terrible y sangrienta.  Después de tres horas de lucha, los cristianos empezaron a hundir galeones en ambos costados, matando al general musulmán y gritando :!victoria!.  Desde ese momento los cristianos procedieron a devastar el centro.  Los musulmanes empezaron a huir, y el resto fue capturado. 

El Papa Pío V, desde el Vaticano, no ceso de pedirle a Dios, con las manos elevadas como Moisés.  Durante la batalla se hizo procesión del Rosario en la Iglesia de Minerva en la que se pedía por la victoria.  El Papa estaba con algunos cardenales conversando, pero de repente se callo, se quedo por algún tiempo con los ojos fijos al cielo, y cerrando el marco de su ventana dijo: “no es hora de hablar mas sino de dar gracias a Dios por la victoria que ha concedido a las armas cristianas”.  Este hecho fue cuidadosamente atestiguado y auténticamente inscrito en aquel momento y después en el proceso de canonización de Pío V.  San Pío V vestía como Papa el habito blanco dominico, y a partir de el y este suceso, todos los Papa visten de impecable blanco hasta la fecha.

Las autoridades después compararon el preciso momento de las palabras del Papa Pío V con los registros de la batalla y encontraron que concordaban de forma precisa.  Pero la mayor razón de reconocer el milagro de la victoria naval es por los testimonios de los prisioneros capturados en la batalla.   Ellos testificaron con una convicción incuestionable de que habían visto a Jesucristo, San Pedro, San Pablo y a una gran multitud de Ángeles, espadas en mano, luchando contra los musulmanes y cegándoles con el humo.

Los musulmanes y su orgulloso emperador fueron presa de la mayor consternación ante la derrota.  Dios que en su justicia había permitido que parte de las naciones cristianas cayeran bajo la opresión musulmana, impuso aquel día un limite y no permitió así que el cristianismo desapareciera, como hubiera sucedido si el Islam gana esta batalla.  Los cristianos lograron una milagrosa batalla que cambio el curso de la historia.  Con este triunfo se reforzó intensamente la devoción al Santo Rosario. 

Al volver victoriosos de Lepanto, se dirigieron en peregrinación al templo de Loreto 10,000 cristianos que estaban cautivos por los musulmanes y que habían quedado libres en esa batalla.  Cada uno llevaba a Nuestra Señora los hierros y cadenas con que había estado atados.  Con estos hierros se construyeron las rejas de las 12 capillas laterales del templo de Loreto. 

En gratitud perpetua a Dios por la victoria, el Papa Pío V, instituyo la Fiesta de la Virgen de las Victorias, después conocida como LA FIESTA DEL ROSARIO, para el primer domingo de octubre.  A la letanía de Nuestra Señora añadió “Auxilio de los Cristianos”.

 En 1573, el Papa Gregorio XIII le cambio el nombre a la fiesta, por el nombre de NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO.  El Papa Clemente XI extendió la fiesta del Rosario a toda la Iglesia de Occidente en 1716; y San Pío X la fijo en el 7 de Octubre, cuando afirmo: “denme un ejercito que rece el Rosario y vencerá al mundo”. 

Lo acontecido en Lepanto por intercesión de la Virgen y el Rosario, se ha repetido innumerables veces en la historia.