Carta  Apostolica

EL SANTO ROSARIO DE LA VIRGEN MARIA

S.S. JUAN PABLO II / Octubre 2002

Los 33 más Bellos Extractos

 “Tomad con confianza entre las manos el Rosario…convertíos en sus diligentes promotores. Que este llamamiento mío no sea en balde”.

 

1.        El Rosario de la Virgen Maria, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio.  Sigue siendo también en este Tercer Milenio, una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad. 

2.      Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor.

3.        Con el trasfondo de las Avemarías del Rosario, pasan ante los ojos del alma los episodios principales de la vida de Jesucristo.  Los misterios del Rosario nos ponen  en comunión vital con Jesús a trabes del Corazón de su Madre. 

4.        Recitar el Rosario, en efecto, es en realidad contemplar con Maria el rostro de Cristo.  Nadie se ha dedicado como Maria, a la contemplación de Cristo. 

5.        La contemplación de Cristo tiene en Maria su modelo insuperable.  El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial.  Ha sido de su vientre donde se ha formado, tomando de Ella una semejanza humana, que evoca una intimidad espiritual más grande todavía. 

6.        Los ojos del Corazón de Maria se concentran en Cristo ya en la Anunciación.  En los meses sucesivos empieza a sentir su presencia y a imaginar sus rasgos.  Cuando por fin lo da a luz en Belén, sus ojos e vuelven tambien tiernamente sobre el rostro del Hijo, cuando lo envolvió en pañales y le acostó en un pesebre.  Desde entonces su mirada llena de adoración y asombro, no se apartara jamás de El.  Será a veces una mirada interrogadora, como en el episodio del extravió en el templo; será en todo caso una mirada penetrante, capaz de leer en lo intimo de Jesús, hasta percibir sus sentimientos escondidos y presentir sus decisiones, como el Cana.  Otras veces será una mirada dolorida, sobre todo bajo la cruz; la mirada de la parturienta que acoge al nuevo hijo en el discípulo predilecto confiado  a Ella.  En la mañana de Pascua será una mirada radiante por la alegría de la resurrección, y por fin; una mirada ardorosa por la efusión del Espíritu en el día de Pentecostés. 

7.        Maria vive mirando a Cristo y tiene en cuenta cada una de sus palabras.  Los recuerdos de Jesús, impresos en su alma, la han acompañado en todo momento, llevándola a recorrer con el pensamiento los distintos episodios de su vida junto al Hijo.  Han sido aquellos recuerdos los que han constituido el “Rosario” que Ella ha recitado constantemente en los días de su vida terrena. 

8.        Cuando recita el Rosario, la comunidad cristiana esta en sintonía con el recuerdo y con la mirada de Maria. 

9.        Recorrer con Maria las escenas del Rosario es como ir a la “escuela de Maria” para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje. 

10.     En el Rosario nos encomendamos en particular, a la acción materna de la Virgen Santa.  Ella es Madre de Cristo, y a la vez “Madre de la Iglesia”.  Engendra continuamente hijos para el Cuerpo Místico de Cristo, y lo hace mediante su intercesión; implorando para ellos la efusión inagotable del Espíritu. 

11.     El Rosario nos transporta místicamente junto a Maria, dedicada a seguir el crecimiento humano de Cristo en la casa de Nazaret.  Eso le permite educarnos y modelarnos con la misma diligencia, hasta que Cristo sea formado plenamente en nosotros. 

12.     En el Rosario, el camino de Cristo y el de Maria se encuentran profundamente unidos. ¡Maria no vive más que en Cristo y en función de Cristo! 

13.     La plegaria insistente a la Madre de Dios se apoya en la confianza de que su materna intercesión lo puede todo ante el corazón del Hijo.  Ella es “Omnipotente por gracia”. 

14.     En el Rosario, mientras suplicamos a Maria, templo del Espíritu Santo, Ella intercede por nosotros ante el Padre que la ha llenado de gracia y ante el Hijo nacido de su seno, rogando por nosotros y con nosotros. 

15.     La historia del Rosario muestra como esta oración ha sido utilizada en momentos difíciles para la Iglesia. Hoy estamos ante nuevos desafíos. Porque no volver a tomar el Rosario con la fe de quienes nos han precedido. 

16.     La repetición del “Dios te salve, Maria”; se convierte tambien en constante alabanza a Cristo, termino ultimo del anuncio del Ángel y del saludo de Isabel. 

17.     Maria nos ayuda a aprender el secreto de la alegría cristiana, recordándonos ante todo que el cristianismo es la “buena noticia”, que tiene su centro y su contenido mismo, en la persona de Cristo, el Verbo hecho carne, único Salvador del mundo. 

18.     Todo el misterio de Cristo es luz. El es “la luz del mundo”.  Pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el Evangelio del Reino.

19.     Los misterios del dolor llevan al creyente a revivir la muerte de Jesús, poniéndose al pie de la cruz junto a Maria, para penetrar con Ella en la inmensidad del amor de Dios al hombre y sentir toda su fuerza. 

20.     La contemplación del rostro de Cristo no puede reducirse a su imagen de crucificado. “El es el Resucitado”.  El Rosario ha expresado siempre esta convicción de fe, invitando al creyente a superar la oscuridad de la Pasión para fijarse en la gloria de Cristo en su Resurrección y en su Ascensión. 

21.     El Rosario ofrece el “secreto” para abrirse mas fácilmente a un conocimiento profundo y comprometido de Cristo.  Podríamos llamarlo “el camino de Maria”.  Es el camino del ejemplo de la Virgen de Nazaret, mujer de fe, de silencio y de escucha.  Es al mismo tiempo el camino de una devoción mariana consciente de la inseparable relación que une a Cristo con su Santa Madre: los misterios de Cristo son tambien los misterios de su Madre, incluso cuando Ella no esta implicada directamente, por el hecho mismo de que Ella vive de El y por El. 

22.     Quien contempla a Cristo recorriendo las etapas de su vida, descubre tambien en El la verdad sobre el hombre.  El Rosario ayuda a abrirse a esta luz.  Siguiendo el camino de Cristo, el cual “recapitula” el camino del hombre, el creyente se sitúa ante la imagen del verdadero hombre.   Contemplando su nacimiento aprende el carácter sagrado de la vida.  Mirando la casa de Nazaret, se percata de la verdad originaria de la familia según el designio de Dios.  Escuchando al Maestro en los misterios de su vida pública encuentra la luz para entrar en el Reino de Dios.  Siguiendo sus pasos hacia el Calvario, comprende el sentido del dolor salvador.  Por fin, contemplando a Cristo y a su Madre en la gloria, ve la meta a la que cada uno de nosotros esta llamado, si se deja transfigurar por el Espíritu Santo.  De este modo, cada misterio el Rosario, bien meditado, ilumina el misterio del hombre. 

23.     Meditar con el Rosario significa poner nuestros afanes en los corazones misericordiosos de Cristo y de su Madre. 

24.     El Rosario  se toma como expresión de amor que no se cansa de dirigirse hacia la persona amada; con manifestaciones que aunque parecidas en su expresión, son siempre nuevas respecto al sentimiento que las inspira. 

25.     Si la repetición del Avemaría en el Rosario, se dirige directamente a Maria, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús.  La repetición favorece el deseo de una configuración cada vez más plena con Cristo.  El Rosario nos ayuda a crecer en esta configuración hasta la meta de la santidad. 

26.     Repetir en el Rosario el Avemaría nos acerca a la complacencia de Dios: es júbilo, asombro, reconocimiento del milagro más grande de la historia.  Es el cumplimiento de la profecía de Maria: “Desde ahora me llamaran todas la generaciones bienaventurada”. 

27.     La Iglesia ha visto siempre en el Rosario, una particular eficacia; confiando las causas más difíciles a su recitación comunitaria y a su práctica constante.  En los momentos en que la cristiandad misma estaba amenazada, se atribuyo a la fuerza de esta oración la liberación del peligro y la Virgen del Rosario fue considerada como propiciadora de esta salvación. 

28.     Hoy deseo confiar a la eficacia de esta oración, la causa de la paz en el mundo y la de la familia. 

29.     El Rosario es tambien, desde siempre, una oración de la familia y por la familia.  La familia que reza unida, permanece unida.  El Santo Rosario, por antigua tradición, es una oración que se presta particularmente para reunir a la familia.   

30.     La familia que reza unida el Rosario reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús esta en el centro, se comparten con El las alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de El la esperanza y la fuerza para el camino. 

31.     Rezar con el Rosario por los hijos y con los hijos, educándolos desde su tierna edad para este momento cotidiano de “intervalo de oración” de la familia, es una ayuda espiritual que no se debe minimizar.  

32.    Queridos Hermanos y Hermanas: una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana. HAGAMOSLO SOBRE TODO EN ESTE AÑOConvertios en sus diligentes promotores, después de vivir la experiencia personal de la belleza del Rosario. 

33.    Tomad con confianza entre las manos el Rosario, descubriéndolo de nuevo a la luz de la Escritura, en armonía con la Liturgia y en el contexto de la vida cotidiana. QUE ESTE LLAMAMIENTO MIO NO SEA EN BALDE.   

 

VOZ DE LOS SANTOS

 

“Juro por esta cruz y por los Santos Evangelios,

defender que Nuestra Señora, la Virgen Maria,

fue concebida sin mancha de pecado original;

y perder la vida, si fuere necesario

por defender su Santísima Concepción.

Y por ser verdad de todo lo dicho,

lo firme con mi propia sangre. Jesús.

Yo, Pedro de Betancur, el pecador.

Martes 8 de diciembre de 1654.

Yo, Pedro de Betancur, lo digo.

Cada año me afirmo en lo dicho:

y digo que perderé mil vidas

por defender la Concepción Inmaculada de Maria,

mi Madre y Señora,

y cada año por su día lo firmare con mi propia sangre”.

 

Hermano Pedro.

 

VOZ DE MARIA

Bernardette le pregunto por tercera vez:

“Señora, puede hacerme la gracia de decirme su nombre.

Entonces la Señora se puso seria y como si se humillase,

junto las manos delante del pecho, miro al cielo,

y después separando poco a poco las manos e inclinándose hacia mí, me dijo;

temblándole la voz:

“Que soy la Inmaculada Concepción”

Lourdes, 1858.

  

EDITORIAL

 

La hija de Ana había sido elegida y predestinada para ser la Madre del Hijo de Dios, el Salvador de los hombres.   Esta elección pedía para Ella una pureza total, y total ausencia del pecado, y tambien una plenitud de gracia y de dones sobrenaturales.

Desde Adán y Eva toda la humanidad estaba sumida en el dominio del pecado, que afecto a todos sus descendientes. Pero Dios había prometido la venida del Mesías, que nacería de una Virgen.  La Virgen Inmaculada fue el primer fruto de esta salvación, preservada de contraer el pecado original en virtud y en atención a los meritos del futuro Redentor de los hombres.

Esta verdad la definió como Dogma de Fe el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854 en la Bula Ineffabilus Deus.  La formula de la definición dice así:

“Con la autoridad de Nuestro Señor, con la de los Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, afirmamos y definimos que ha sido revelada por Dios, y por consiguiente, que debe ser creída firme y constantemente por todos los fieles la doctrina que enseña: QUE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARIA FUE PRESERVADA INMUNE DE TODA MANCHA DE CULPA ORIGINAL POR SINGULAR GRACIA Y PRIVILEGIO DE DIOS OMNIPOTENTE EN PREVISIÓN DE LOS MERITOS DE JESUCRISTO, SALVADOR DEL GENERO HUMANO”.

El contenido del Dogma se puede resumir en frases sencillas.  Es doctrina de fe, que el pecado de Adán se transmite a todos sus descendientes, que nacen según la ley común de la generación humana.  Este es un pecado que afecta a toda la humanidad.

De esta ley fue exceptuada Maria, la Madre del Redentor.  Fue preservada de contraer dicho pecado, por singular gracia y privilegio de Dios; y esto desde el primer instante de su concepción.

Inmaculada Concepción significa limpieza de pecado y plenitud de gracia y de otros dones sobrenaturales.  Por eso el Ángel la saludó: “Ave Maria, llena eres de gracia”.  Llena de gracia es el nombre propio que da el Ángel a la Virgen Maria.

El primer testimonio de la Sagrada Escritura que nos enseña en sus propios términos el Dogma de la Inmaculada Concepción es el texto del Génesis 3,15 que habla de la enemistad que Dios estableció entre la mujer y su descendencia y la serpiente, como símbolo del pecado.

Este texto tiene ciertamente un sentido mariano, leído a la luz de la plena revelación divina, como lo afirma el Concilio Vaticano II. , y los Papas lo han propuesto como fundamento para el Dogma.  El mismo Pío IX hizo la afirmación de que “...la Virgen Madre de Dios quebranto con su pie inmaculado la cabeza de la serpiente venenosa, triunfando plenamente sobre ella.  Si en algun momento la Virgen Santísima hubiera permanecido privada de la gracia divina, en cuanto manchada en su concepción por la mancha hereditaria del pecado, al menos en algun instante, aunque brevísimo, no hubiera tenido lugar entre Ella y la serpiente aquella perpetua enemistad, de la cual se habla...”

Otro fundamento bíblico es el texto de la Anunciación, en el que el Ángel saluda a Maria como la “llena de gracia”.  La plenitud de gracia excluye todo pecado y en todo momento.

Por ultimo, la Inmaculada esta prefigurada en la mujer del Apocalipsis 12.  Ella es la verdadera mujer vestida de sol... Ella es la mujer que triunfo sobre el dragón, símbolo del pecado, que no pudo contaminarla en lo más mínimo, madre del varón que instaurara la justicia en el mundo.

Dios, infinita santidad, como Hijo de Maria, debía preservar a su Madre de toda mancha de pecado.  Lo contrario hubiera sido un deshonor para la Madre, que habría redundado en un deshonor para el Hijo.  Convenía que así lo hiciera; pudo hacerlo; luego, por la ley del amor... así lo hizo.

 TITULO:

 

“QUE SOY LA INMACULADA CONCEPCIÓN”

Lourdes, 1858.