El 8 de junio de 1981 los Superiores generales de las 3
Congregaciones monfortianas enviaron al Santo Padre una carta en
que le solicitaban que San Luis María de Montfort fuese declarado
Doctor de la Iglesia.
El dossier fue preparado y entregado al
Santo Padre y a la Congregación de la Causa de los Santos, el día
28 de abril de 1982. Ahí había 2239 cartas de petición: 433 de
obispos y cardenales, 394 de superiores generales. En el año 1986,
un libro de 449 páginas fue entregado a las autoridades del
Vaticano: “Montfort un maestro espiritual para nuestra época”. Se
describían los ejemplos de siete institutos o grupos importantes
en los cuales sus reglas y sus vidas concretas manifestaban la
actualidad de Montfort.
Quizás sea oportuno recordar al Cardenal Mercier (de Bélgica). En
el Congreso Mariano de Antuérpia, en 1924, dijo: “Vengo para
pedirles un servicio. Es el de practicar y propagar la Verdadera
Devoción a María de Montfort”.
Un año después escribió una carta que tuvo gran repercusión en la
Iglesia. En ella explicaba los motivos para declarar dogma de fe
la Mediación de María y declarar Santo al Padre de Montfort, tan
unido a esta preciosa enseñanza de la Iglesia. El entregó
personalmente la carta al Papa Benedicto XV. Después fue enviada
los obispos del mundo entero. Antes morir, en enero de 1926, el
Cardenal tuvo la satisfacción de recibir 425 respuestas positivas
de todos los rincones del mundo. Quizás así –dice el P. Humberto
Jongen, smm- nació la idea de que el humilde siervo de María,
figurase algún día en el insigne elenco de los doctores de la
Iglesia.
Juan Pablo II y Luis
María de Montfort
El Santo Padre
ha hablado en más de una ocasión de la influencia de san Luis
María de Montfort en su vida. Recordemos tres. En 1982 habló ante
el periodista francés André Frossard, diciendo lo siguiente: “La
Devoción a María, que adquirió así una forma determinada… continuó
viva en mí. Ella se convirtió en parte integrante de mi vida
interior y de mi conocimiento espiritual de Dios”.
En 1993, en los
apuntes escritos por el Papa y entregados como respuestas a varias
preguntas, al periodista italiano Messori, quien los publicó bajo
el título “Cruzar el umbral de la esperanza”, dice el mismo Papa:
“gracias a san Luis Grignion de Montfort comprendí que la
verdadera devoción a la Madre de Dios tiene como centro a Cristo,
y aún más, que está profundamente arraigada en los misterio de la
Santísima Trinidad, de la Encarnación y de la Redención. De esta
manera descubrí con una nueva conciencia la piedad mariana y esta
forma madura de devoción a al Madre de Dios”. (Giovanni Paolo II,
Varcare la soglia della speranza, 32 Totus tuus). El más reciente
testimonio –que fue publicado en las diversas ediciones del
Osservatore Roma en distintos idiomas, a
partir de la edición italiana del 14 de octubre de este año- lo
ofreció el Santo Padre en la audiencia a los asistentes al VIII
coloquio internacional de mariología sobre el tema: “San Luis
María de Montfort, espiritualidad trinitaria en comunión con
María”. Dijo el Santo Padre: «San Luis María Grignion de Montfort
constituye para mí una significativa figura de referencia, que me
ha iluminado en momentos importantes de la vida…Al poner a la
Madre de Cristo en relación con el misterio trinitario, Montfort
me ayudó a comprender que la Virgen pertenece al plan de la
salvación por voluntad del Padre, como Madre del
Verbo encarnado, que concibió por obra del Espíritu Santo.
Toda intervención de María en la obra de regeneración de los
fieles no está en competición con Cristo, sino que deriva de
él y está a su servicio. La acción que María realiza en
el plan de la salvación es siempre cristocéntrica, es decir, hace
directamente referencia a una mediación que se lleva a cabo en
Cristo. Comprendí entonces que no podía excluir a la Madre del
Señor de mi vida sin dejar de cumplir la voluntad de Dios trino,
que quiso "comenzar a realizar" los grandes misterios de la
historia de la salvación con la colaboración responsable y fiel de
la humilde esclava de Nazaret».
Juan Pablo II el
promotor más discreto y eficaz del doctorado del P. de Montfort
Estas palabras textuales son
de Mons Francisco Garnier, obispo de Luçon, que está encargado de
presentar la causa del doctorado de Montfort ante la Santa Sede.
Mons Garnier, dijo con ocasión de su saludo al Santo Padre en la
audiencia que dio en una de las aulas del Vaticano el 13 de
Octubre del 2000 a los participantes del VIII Coloquio
internacional de mariología para presentar y promover el doctorado
de Montfort:
“Con ellos, comparto el deseo
intenso de que este gran santo se reconocido “doctor” de la
Iglesia. Santo Padre, gracias por acogernos: adivinamos que
tenemos en Ud. el promotor más discreto y eficaz de nuestra causa.
Se lo agradecemos de todo corazón.