presentación
Primera parte: María en la Historia de
la Salvación
Segunda parte: El culto de María en la Iglesia
Tercera parte: La perfecta Consagración a Jesucristo
Este libro es
probablemente el que más ha dado a conocer a san Luis María de Montfort. Sin
embargo, es muy conveniente leerlo en el contexto del “Amor de la Sabiduría
Eterna” puesto que, como lo dice claramente ahí, “una tierna devoción a la
Santísima Virgen” no es más que un medio, el más eficaz ciertamente, para
adquirir y conservar la Sabiduría divina.
En el Tratado de
la Verdadera Devoción, san Luis María presenta en general su doctrina sobre la
devoción a María, y propone una forma de devoción particular que implica una
donación total o consagración de sí mismo a Jesús por las manos de María. En
la primera parte del libro san Luis María demuestra que la devoción a María no
es un fin en sí mismo. Es siempre un medio para mejor consagrarse al servicio
de Jesucristo. Declara, sin embargo, que es un medio necesario para este fin
e, incluso, que es el medio más seguro para lograr esta meta. Presenta las
características de la que llama “verdadera “ o auténtica devoción a María en
oposición a las falsas devociones. Precisa, además, que se pueden dar varias
clases de “verdadera” devoción a la Santísima Virgen. Pero, a partir de su
experiencia y de las lecturas, afirma haber encontrado una forma de devoción a
María que considera la más eficaz de todas para poder realizar nuestra meta:
la unión con Cristo.
La forma de
devoción de que habla e invita a los lectores a abrazarla, consiste en darse
totalmente a Jesucristo por las manos de María. A esta donación total le da el
nombre de “consagración”. Tiene el cuidado de explicar que si bien se puede
hablar de “consagración a María”, hay que comprender bien que se trata
sencillamente de una etapa de la “consagración total a Jesucristo”. En el
resto del libro el autor explica lo que acarrea en la práctica esta
consagración. Describe, además, los efectos que produce en las personas que la
hacen. Todo esto con el objetivo de animarnos a abrazar esta devoción.
Considera también las diversas “prácticas” de devoción que llama “prácticas
interiores y exteriores”, destinadas a ayudarnos a vivir esta devoción. Entre
las exteriores, destaca la recitación del Rosario, que desarrolla más
ampliamente en el “Secreto Admirable del Santísimo Rosario”.
En la época en que
vivía san Luis María, y antes de él, esta forma de devoción se conocía con el
nombre de “Santa Esclavitud”. El se detiene explicando el sentido de esta
expresión. Sostiene que lejos de ser una forma de esclavitud forzosa, se trata
de una “esclavitud de amor”. Para reemplazar esta expresión que puede lesionar
nuestra mentalidad actual, es muy fácil encontrar otras mejor adaptadas a
nuestra época.
En otra obra, el Secreto
de María, san Luis María presenta prácticamente la misma doctrina del Tratado
de la Verdadera Devoción, pero en forma sucinta.
MARIA EN EL DESIGNIO DE DIOS
1. Por
medio de la Santísima Virgen María vino Jesucristo al mundo y también por
medio de Ella debe reinar en el mundo 1.
MARIA ES UN MISTERIO
a. a causa de su humildad
2. La
vida de María fue oculta. Por ello, el Espíritu Santo y la Iglesia la llaman
alma mater: Madre oculta y escondida. Su humildad fue tan profunda, que no
hubo para Ella anhelo más firme y constante que el de ocultarse a sí misma y a
todas las creaturas para ser conocida solamente de Dios.
3.
Ella pidió a Dios pobreza y humildad. Y El, escuchándola, tuvo a bien
ocultarla en su concepción, nacimiento, vida, misterios, resurrección y
asunción a casi todos los hombres. Sus propios padres no la conocían. Y los
ángeles se preguntaban con frecuencia uno a otro: ¿Quién es ésta? (Ct 8,5)
2. Porque el Altísimo se la ocultaba. O, si algo les
manifestaba de Ella, era infinitamente más lo que les encubría.
b. por disposición divina
4. Dios
Padre –a pesar de haberle comunicado su poder 3– consintió que no
hiciera ningún milagro –al menos portentoso– durante su vida. Dios Hijo –a
pesar de haberle comunicado su sabiduría– consintió en que Ella casi no
hablara. Dios Espíritu Santo –a pesar de ser Ella su fiel Esposa– consintió en
que los apóstoles y evangelistas hablaran de Ella muy poco y sólo en cuanto
era necesario para dar a conocer a Jesucristo.
c. por su grandeza excepcional
5.
María es la excelente obra maestra del Altísimo, quien se ha reservado para sí
el conocimiento y posesión de Ella. María es la Madre admirable del Hijo,
quien tuvo a bien humillarla y ocultarla durante su vida, para fomentar su
humildad, llamándola mujer (ver Jn 2,4; 19,26) 4, como si se
tratara de una extraña, aunque en su corazón la apreciaba y amaba más que a
todos los ángeles y hombres. María es la fuente sellada, en la que sólo
puede entrar el Espíritu Santo, cuya Esposa fiel es Ella. María es el
santuario y tabernáculo de la Santísima Trinidad, donde Dios mora más
magnífica y maravillosamente que en ningún otro lugar del universo, sin
exceptuar los querubines y serafines; a ninguna criatura, por pura que sea, se
le permite entrar allí sin privilegio especial.
6. Digo
con todos los santos que la excelsa María es el paraíso terrestre del nuevo
Adán (Gn 2,8) 5, quien se encarnó en él por obra del Espíritu Santo
para realizar allí maravillas incomprensibles. Ella es el sublime y divino
mundo de Dios, lleno de bellezas y tesoros inefables. Es la magnificencia del
Altísimo 6, quien ocultó allí, como en su seno, a su Unigénito, y
con El lo más excelente y precioso.
¡Oh! ¡Qué portentos y misterios ha ocultado Dios en esta admirable criatura,
como Ella misma se ve obligada a confesarlo –no obstante su profunda
humildad–: ¡El Poderoso ha hecho obras grandes por mí! (Lc 1,49) El
mundo los desconoce, porque es incapaz e indigno de conocerlos.
7. Los
santos han dicho cosas admirables de esta ciudad santa de Dios 7.
Y, según ellos mismos testifican, nunca han estado tan elocuentes ni se han
sentido tan felices como al hablar de Ella 8. Todos a una proclaman
que la altura de sus méritos, elevados por Ella hasta el trono de la
divinidad, es inaccesible; la anchura de su caridad, dilatada por Ella
más que la tierra, es inconmensurable; la grandeza de su poder, que se
extiende hasta sobre el mismo Dios, es incomprensible (ver Ef 3,18; Ap
12,15-16); y, en fin, que la profundidad de su humildad y de todas sus
virtudes y gracias es un abismo insondable. ¡Oh altura incomprensible! ¡Oh
anchura inefable! ¡Oh grandeza sin medida! ¡Oh abismo impenetrable!
8. Todos
los días, del uno al otro confín de la tierra, en lo más alto del cielo y en
lo más profundo de los abismos, todo pregona y exalta a la admirable María.
Los nueve coros angélicos, los hombres de todo sexo, edad, condición,
religión, buenos y malos, y hasta los mismos demonios, de grado o por fuerza
se ven obligados –por la evidencia de la verdad– a proclamarla bienaventurada.
Todos los ángeles en el cielo –dice San Buenaventura– le repiten
continuamente: "¡Santa, santa, santa María! ¡Virgen y Madre de Dios!", y le
ofrecen todos los días millones y millones de veces la salutación angélica:
Dios te salve, María..., prosternándose ante Ella y suplicándole que, por
favor, los honre con alguno de sus mandatos. "San Miguel –llega a decir San
Agustín–, aún siendo el príncipe de toda la milicia celestial, es el más
celoso en rendirle y hacer que otros le rindan toda clase de honores,
esperando siempre sus órdenes para volar en socorro de alguno de sus
servidores".
9. Toda
la tierra está llena de su gloria. Particularmente entre los cristianos, que
la han escogido por tutela y patrona de varias naciones, provincias, diócesis
y ciudades. ¡Cuántas catedrales consagradas a Dios bajo su advocación! ¡No hay
iglesia sin un altar en su honor ni comarca ni región donde no se dé culto a
alguna de sus imágenes milagrosas y se obtenga toda clase de bienes! ¡Cuántas
cofradías y congregaciones en su honor! ¡Cuántos institutos religiosos
colocados bajo su nombre y protección! ¡Cuántos congregantes en las
asociaciones piadosas, cuántos religiosos en todas las órdenes religiosas!
¡Todos publican sus alabanzas y proclaman sus misericordias!9. No
hay siquiera un pequeñuelo que, al balbucir el avemaría, no la alabe.
Ni apenas un pecador que, en medio de su obstinación, no conserve una chispa
de confianza en Ella. Ni siquiera un solo demonio en el infierno que,
temiéndola, no la respete.
MARIA NO ES SUFICIENTEMENTE CONOCIDA
10. Es,
por tanto, justo y necesario repetir con los santos:
DE MARIA NUNQUAM SATIS
10:
María no ha sido aún alabada, ensalzada, honrada y servida como debe serlo.
Merece mejores alabanzas, respeto, amor y servicio.
11.
Debemos decir también con el Espíritu Santo: Toda la gloria de la Hija del
rey está en su interior (Sl 45 (44),14, Vulgata). Como si toda la gloria
exterior que el cielo y la tierra le tributan a porfía fuera nada en
comparación con la que recibe interiormente de su Creador, y que es
desconocida de creaturas insignificantes, incapaces de penetrar el secreto de
los secretos del Rey.
12. Debemos
también exclamar con el Apóstol: El ojo no ha visto, el oído no ha oído, a
nadie se le ocurrió pensar... (1Cor 2,9) las bellezas, grandezas y
excelencias de María, milagro de los milagros de la gracia, de la naturaleza y
de la gloria. "Si quieres comprender a la Madre –dice un santo–, trata de
comprender al Hijo, pues Ella es la digna Madre de Dios" "¡Enmudezca aquí toda
lengua!"
HAY QUE CONOCER MEJOR A MARIA
13. El
corazón me ha dictado cuanto acabo de escribir con alegría particular para
demostrar que la excelsa María ha permanecido hasta ahora desconocida y que
ésta es una de las razones de que Jesucristo no sea todavía conocido como debe
serlo 11. De suerte que, si el conocimiento y reinado Jesucristo
han de dilatarse en el mundo –como ciertamente sucederá–, esto acontecerá como
consecuencia necesaria del conocimiento y reinado de la Santísima Virgen,
quien lo trajo al mundo la primera vez y lo hará resplandecer la segunda
12.
NOTAS:
1
Este es el tema que el P. de Montfort desarrolla en toda la obra.
2
"El conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre la Virgen María será
siempre la llave exacta de la comprensión del misterio de Cristo" (Pablo VI,
Nov. 21, 1964; ver LG 66).
3
Se subrawya el poder de María que es: a) Señora de la Sabiduría (ASE 205); b)
Reina del cielo y de la tierra (VD 7.38.76...); c) Reina de los Corazones (VD
38). "La que en la Anunciación se definió como esclava del Señor... es
glorificada como Reina universal" (RM 41).
4
El Documento de Puebla nos dice que "María es garantía de la grandeza
femenina, muestra la forma específica de ser mujer..." (No. 299). María, la
mujer sabia (ver Lc 2,19.51), es la mujer de la salvación que puso toda su
feminidad al servicio de Cristo y de su obra salvadora (ver Gal 4,4-6; LG 56).
5
VD 18.248.261.
6
Ver VD 17.18.23-25.248.
7
Ver VD 48.261.
8
San Bernardo decía: "Nunca me siento tan contento ni temeroso como cuando debo
hablar de la gloria de la Virgen María".
9
Hay tantos y tantos lugares y personas que llevan su nombre. "Jardín de María"
llamaba Pío XII a Colombia por sus templos y sus santuarios marianos que
esmaltan la geografía de la patria. ¿Lo es también por su presencia en
nuestros hogares y corazones?
10
Con letras tres veces más grandes que las otras escribió el P. de Montfort
este aforismo, que significa: "Nunca se alabará demasiado a María".
11
Se trata de un conocimiento experimental, de confianza y familiaridad de la
persona misma de María (Ver LG 67).
12 "El
conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre la Virgen María será
siempre la clave exacta de la comprensión del misterio de Cristo" (Pablo VI,
Nov. 21, 1864; ver LG 66).
PRIMERA PARTE
MARIA EN LA HISTORIA DE LA SALVACION
NECESIDAD DEL CULTO A MARIA
14. Confieso
con toda la Iglesia que, siendo María una simple criatura salida de las manos
del Altísimo, comparada a la infinita Majestad de Dios, es menos que un átomo,
o mejor, es nada, porque sólo El es El que es (Ex 3,14). Por
consiguiente, este gran Señor, siempre independiente y suficiente a sí mismo,
no tiene ni ha tenido absoluta necesidad de la Santísima Virgen para realizar
su voluntad y manifestar su gloria 1. Le basta querer para
hacerlo todo.
15. Afirmo,
sin embargo, que –dadas las cosas como son–, habiendo querido Dios comenzar y
culminar sus mayores obras por medio de la Santísima Virgen desde que la
formó, es de creer que no cambiará jamás de proceder; es Dios, y no cambia ni
en sus sentimientos ni en su manera de obrar (Ml 3,6; Rm 11,29; Heb 1.12).
CAPITULO 1
MARIA EN EL MISTERIO
DE CRISTO
1. En la encarnación
16. Dios
Padre entregó su Unigénito al mundo solamente por medio de María. Por más
suspiros que hayan exhalado los patriarcas, por más ruegos que hayan elevado
los profetas y santos de la antigua ley durante cuatro mil años a fin de
obtener dicho tesoro, solamente María lo ha merecido y ha hallado gracia
delante de Dios por la fuerza de su plegaria y la elevación de sus virtudes.
El mundo era indigno –dice San Agustín– de recibir al Hijo de Dios
inmediatamente de manos del Padre, quien lo entregó a María para que el mundo
lo recibiera por medio de Ella.
Dios Hijo se hizo hombre para nuestra salvación, pero en María y por María.
Dios Espíritu Santo formó a Jesucristo en María, pero después de haberle
pedido su consentimiento por medio de uno de los primeros ministros de su
corte. 2.
2. En los misterios de la Redención
17. Dios
Padre comunicó a María su fecundidad, en cuanto una pura criatura era capaz de
recibirla, para que pudiera engendrar a su Hijo y a todos los miembros de su
Cuerpo místico.
18. Dios
Hijo descendió al seno virginal de María como nuevo Adán a su paraíso
terrestre para complacerse y realizar allí secretamente maravillas de gracia.
Este Dios-hombre encontró su libertad en dejarse aprisionar en su seno;
manifestó su poder en dejarse llevar por esta jovencita; cifró su gloria y la
de su Padre en ocultar sus resplandores a todas las criaturas de la tierra
para no revelarlos sino a María; glorificó su propia independencia y majestad,
sometiéndose a esta Virgen amable en la concepción, nacimiento, presentación
en el templo, vida oculta de treinta años, hasta la muerte, a la que Ella
debía asistir, para ofrecer con Ella un solo sacrificio y ser inmolado por su
consentimiento al Padre eterno, como en otro tiempo Isaac, por la obediencia
de Abrahán, a la voluntad de Dios. Ella le amamantó, alimentó, cuidó, educó y
sacrificó por nosotros 3.
¡Oh admirable e incomprensible dependencia de un Dios! Para mostrarnos su
precio y gloria infinita, el Espíritu Santo no pudo pasarla en silencio en el
Evangelio, a pesar de habernos ocultado casi todas las cosas admirables que la
Sabiduría encarnada realizó durante su vida oculta. Jesucristo dio mayor
gloria a Dios, su Padre, por su sumisión a María durante treinta años, que la
que le hubiera dado convirtiendo al mundo entero por los milagros más
portentosos. ¡Oh¡ ¡Cuán altamente glorificamos a Dios cuando para agradarle
nos sometemos a María, a ejemplo de Jesucristo, nuestro único modelo!
19. Si
examinamos de cerca el resto de la vida de Jesucristo, veremos que ha querido
inaugurar sus milagros por medio de María. Mediante la palabra de María
santificó a San Juan en el seno de Santa Isabel, su madre (ver Lc 1,41-44);
habló María, y Juan quedó santificado. Este fue el primero y mayor milagro de
Jesucristo en el orden de la gracia. Ante la humilde plegaria de María,
convirtió el agua en vino en las bodas de Caná (ver Jn 2,1-12). Era su primer
milagro en el orden de la naturaleza. Comenzó y continuó sus milagros por
medio de María, y por medio de Ella los seguirá realizando hasta el fin de los
siglos.
20. Dios
Espíritu Santo, que es estéril en Dios –es decir, no produce otra persona
divina en la divinidad–, se hizo fecundo por María, su Esposa. Con Ella, en
Ella y de Ella produjo su obra maestra, que es un Dios hecho hombre, y produce
todos los días, hasta el fin del mundo, a los predestinados y miembros de esta
Cabeza adorable. Por ello, cuanto más encuentra a María, su querida e
indisoluble Esposa, en un alma, tanto más poderoso y dinámico se muestra el
Espíritu Santo para producir a Jesucristo en esa alma y a ésta en Jesucristo
4.
21. No
quiero decir con esto que la Santísima Virgen dé al Espíritu Santo la
fecundidad, como si El no la tuviese, ya que, siendo Dios, posee la fecundidad
o capacidad de producir tanto como el Padre y el Hijo, aunque no la reduce al
acto al no producir otra persona divina. Quiero decir solamente que el
Espíritu Santo, por intermediario de la Santísima Virgen –de quien ha tenido a
bien servirse, aunque absolutamente no necesita de Ella–, reduce al acto su
propia fecundidad, produciendo en Ella y por Ella a Jesucristo y a sus
miembros. ¡Misterio de la gracia desconocido aun por los más sabios y
espirituales entre los cristianos!
NOTAS:
1
La presencia de María en el misterio de la salvación se debe al beneplácito de
Dios; ver LG 60; VD 39.
2
"Es sumamente conveniente que los ejercicios de piedad a la Virgen María
expresen claramente la nota trinitaria" (ver MC). El P. de Montfort nos ofrece
aquí sólido fundamento para esta orientación.
3
"Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo en el
templo al Padre, padeciendo con su Hijo mientras El moría en la cruz, cooperó
en la restauración de la vida sobrenatural de las almas. Por tal motivo es
nuestra Madre en el orden de la gracia" (LG 61)
4
María y el Espíritu Santo continúan actuando en colaboración mutua y
prolongando en la historia la obra de la Encarnación; ver VD 35s.164.
CAPITULO II
MARIA EN EL MISTERIO DE LA IGLESIA
22. La
forma en que procedieron las tres divinas personas de la Santísima Trinidad en
la encarnación y primera venida de Jesucristo, la prosiguen todos los días, de
manera invisible, en la santa Iglesia, y la mantendrán hasta el fin de los
siglos en la segunda venida de Jesucristo.
A. MISION DE MARIA EN EL PUEBLO DE DIOS
1. Colaboradora de Dios
23. Dios
Padre creó un depósito de todas las aguas, y lo llamó mar. Creó un depósito
de todas las gracias, y lo llamó María 1.
El Dios omnipotente posee un tesoro o almacén riquísimo en el que ha encerrado
lo más hermoso, refulgente, raro y precioso que tiene, incluido su propio
Hijo. Este inmenso tesoro es María, a quien los santos llaman el tesoro del
Señor 2, de cuya plenitud se enriquecen los hombres.
24. Dios
Hijo comunicó a su Madre cuanto adquirió mediante su vida y muerte, sus
méritos infinitos y virtudes admirables, y la constituyó tesorera de cuanto el
Padre le dio en herencia. Por medio de Ella aplica sus méritos a sus miembros,
les comunica sus virtudes y les distribuye sus gracias. María constituye su
canal misterioso, su acueducto, por el cual hace pasar suave y abundantemente
sus misericordias 3.
25.
Dios Espíritu Santo comunicó sus dones a María, su fiel Esposa, y la escogió
por dispensadora de cuanto posee. Ella distribuye a quien quiere, cuanto
quiere, como quiere y cuando quiere todos sus dones y gracias 4. Y
no se concede a los hombres ningún don celestial que no pase por sus manos
virginales. Porque tal es la voluntad de Dios, que quiere que todo lo tengamos
por María. Porque así será enriquecida, ensalzada y honrada por el Altísimo la
que durante su vida se empobreció, humilló y ocultó hasta el fondo de la nada
por su profunda humildad. Estos son los sentimientos de la Iglesia y de los
Santos Padres 5.
26. Si
yo hablara a ciertos sabios actuales, probaría cuanto afirmo, sin más, con
textos de la Sagrada Escritura y de los Santos Padres, citando al efecto sus
pasajes latinos, y con otras sólidas razones, que se pueden ver largamente
expuestas por el R.P. Poiré en su libro La Triple Corona de la Santísima
Virgen 6.
Pero estoy hablando de modo especial a los humildes y sencillos. Que son
personas de buena voluntad, tienen una fe más robusta que la generalidad de
los sabios y creen con mayor sencillez y mérito. Por ello me contento con
declararles sencillamente la verdad, sin detenerme a citarles pasajes latinos,
que no entienden. Aunque no renuncio a citar algunos, pero sin esforzarme por
buscarlos. Prosigamos.
2. Influjo Maternal de María
27. La
gracia perfecciona a la naturaleza, y la gloria, a la gracia. Es cierto, por
tanto, que Nuestro Señor es todavía en el cielo Hijo de María, como lo fue en
la tierra, y, por consiguiente, conserva para con Ella la sumisión y
obediencia del mejor de todos los hijos para con la mejor de todas las madres.
No veamos, sin embargo, en esta dependencia ningún desdoro o imperfección en
Jesucristo. María es infinitamente inferior a su Hijo, que es Dios. Y por ello
no le manda, como haría una madre a su hijo aquí abajo, que es inferior a
ella. María, toda transformada en Dios por la gracia y la gloria –que
transforma en El a todos los santos–, no pide, quiere ni hace nada que sea
contrario a la eterna e inmutable voluntad de Dios.
Por tanto, cuando leemos en San Bernardo, San Buenaventura, San Bernardino y
otros que en el cielo y en la tierra todo –inclusive el mismo Dios– está
sometido a la Santísima Virgen, quieren decir que la autoridad que Dios le
confiere es tan grande que parece como si tuviera el mismo poder que Dios, y
que sus plegarias y súplicas son tan poderosas ante Dios, que valen como
mandatos ante la divina Majestad. La cual no desoye jamás las súplicas de su
querida Madre, porque son siempre humildes y conformes con la voluntad divina.
Si Moisés, con la fuerza de su plegaria, contuvo la cólera divina contra los
israelitas en forma tan eficaz que el Señor, altísimo e infinitamente
misericordioso, no pudiendo resistirle, le pidió que le dejase encolerizarse y
castigar a ese pueblo rebelde (Ver Ex 32,10), ¿qué debemos pensar –con mayor
razón– de los ruegos de la humilde María, la digna Madre de Dios, que son más
poderosos delante de su Majestad que las súplicas e intercesiones de todos los
ángeles y santos del cielo y de la tierra?
28. María
impera en el cielo sobre los ángeles y bienaventurados. En recompensa a su
profunda humildad, Dios le ha dado el poder y la misión de llenar de santos
los tronos vacíos, de donde por orgullo cayeron los ángeles apóstatas. Tal es
la voluntad del Altísimo, que exalta siempre a los humildes (Lc 1,52): que el
cielo, la tierra y los abismos se sometan, de grado o por fuerza, a las
órdenes de la humilde María, a quien constituyó soberana del cielo y de la
tierra 7, capitana de sus ejércitos, tesorera de sus riquezas,
dispensadora de sus gracias, realizadora de sus portentos, reparadora del
género humano, mediadora de los hombres, exterminadora de los enemigos de Dios
y fiel compañera de su grandeza y de sus triunfos.
3. Señal de fe autentica
29. Dios
Padre quiere formarse hijos por medio de María hasta la consumación del mundo,
y le dice: Pon tu morada en Jacob (Eclo 24,13); es decir, fija tu
morada y residencia en mis hijos y predestinados, simbolizados por Jacob, y no
en los hijos del demonio, los réprobos, simbolizados por Esaú.
30. Así
como en la generación natural y corporal concurren el padre y la madre,
también en la generación sobrenatural y espiritual hay un Padre, que es Dios,
y una Madre, que es María.
Todos los verdaderos hijos de Dios y predestinados tienen a Dios por Padre y a
María por Madre. Y quien no tenga a María por Madre, tampoco tiene a Dios por
Padre (ver Rm 8,25-30). Por eso los réprobos –tales los herejes, cismáticos,
etc., que odian o miran con desprecio o indiferencia a la Santísima Virgen– no
tienen a Dios por Padre –aunque se jacten de ello–, porque no tiene a María
por Madre. Que, si la tuviesen por tal, la amarían y honrarían, como un hijo
bueno y verdadero ama y honra naturalmente a la madre que le dio la vida.
La señal más infalible y segura para distinguir a un hereje, a un hombre de
perversa doctrina, a un réprobo de un predestinado, es que el hereje y réprobo
no tienen sino desprecio o indiferencia para con la Santísima Virgen, cuyo
culto y amor procuran disminuir con sus palabras y ejemplos, abierta u
ocultamente y, a veces, con pretextos aparentemente válidos 8. ¡Ay!
Dios Padre no ha dicho a María que establezca en ellos su morada, porque son
los Esaús.
4. María, Madre de la Iglesia
31. Dios
Hijo quiere formarse por medio de María y, por decirlo así, encarnarse todos
los días en los miembros de su Cuerpo místico, y le dice: Entra en la
heredad de Israel (Eclo 24,13).
Como si le dijera: Dios, mi Padre, me ha dado en herencia todas las naciones
de la tierra, todos los hombres buenos y malos, predestinados y réprobos;
regiré a los primeros con cetro de oro; a los segundos, con vara de hierro; de
los primeros seré padre y abogado; de los segundos, justo vengador; de todos
seré juez. Tú, en cambio, querida Madre mía, tendrás por heredad y posesión
solamente a los predestinados, simbolizados en Israel; como buena madre suya,
tú los darás a luz, los alimentarás y harás crecer, y, como su soberana, los
guiarás, gobernarás y defenderás.
32. Uno
por uno, todos han nacido en ella
(ver Sl 87 [86],6), dice el Espíritu Santo. Según la explicación de algunos
Padres, un primer hombre nacido de María es el Hombre-Dios, Jesucristo; el
segundo es un hombre-hombre, hijo de Dios y de María por adopción.
Ahora bien, si Jesucristo, Cabeza de la humanidad, ha nacido de Ella, los
predestinados, que son los miembros de esta Cabeza, deben también, por
consecuencia necesaria, nacer de Ella 9. Ninguna madre da a luz la
cabeza sin los miembros, ni los miembros sin la cabeza; de lo contrario,
aquello sería un monstruo de la naturaleza. Del mismo modo, en el orden de la
gracia, la Cabeza y los miembros nacen de la misma madre. Y si un miembro del
Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, un predestinado, naciese de una madre
que no sea María, la que engendró a la Cabeza, no sería un predestinado ni
miembro de Jesucristo, sino un monstruo en el orden de la gracia.
33. Más
aún, Jesucristo es hoy, como siempre, fruto de María. El cielo y la tierra lo
repiten millares de veces cada día: Y bendito es el fruto de tu vientre,
Jesús. Es indudable, por tanto, que Jesucristo es tan verdaderamente fruto
y obra de María para cada hombre en particular, que lo posee, como para todo
el mundo en general. De modo que, si algún fiel tiene a Jesucristo formado en
su corazón, puede decir con osadía: "¡Gracias mil a María; lo que poseo es
obra y fruto suyo, y sin Ella no lo tendría!" Y se pueden aplicar a María, con
mayor razón de la que tenía San Pablo para aplicárselas a sí mismo, estas
palabras: Hijos míos, otra vez me causan dolores de parto hasta que Cristo
tome forma en Uds. 10.
Todos los días doy a luz a los hijos de Dios hasta que se asemejen a
Jesucristo, mi Hijo (Gl 4,19) 11, en madurez perfecta (Ef 4,13).
San Agustín, excediéndose a sí mismo y a cuanto acabo de decir, afirma que
todos los predestinados, para asemejarse realmente al Hijo de Dios (ver Rm
8,29), están ocultos, mientras viven en este mundo, en el seno de la Santísima
Virgen, donde esta bondadosa Madre los protege, alimenta, mantiene y hace
crecer... hasta que les da a luz para la gloria después de la muerte, que es,
a decir verdad, el día de su nacimiento, como llama la Iglesia a la muerte de
los justos. ¡Oh misterio de la gracia, desconocido de los réprobos y poco
conocido de los predestinados!
5. María, figura de la Iglesia
34. Dios
Espíritu Santo quiere formarse elegidos en Ella y por Ella, y le dice: En
el pueblo glorioso echa raíces (Eclo 24,13). Echa, querida Esposa mía, las
raíces de todas tus virtudes en mis elegidos, para que crezcan de virtud en
virtud y de gracia en gracia. Me complací tanto en ti mientras vivías sobre la
tierra practicando las más sublimes virtudes, que aun ahora deseo hallarte en
la tierra sin que dejes de estar en el cielo. Reprodúcete para ello en mis
elegidos. Tenga yo el placer de ver en ellos las raíces de tu fe invencible,
de tu humildad profunda, de tu mortificación universal, de tu oración sublime,
de tu caridad ardiente, de tu esperanza firme y de todas tus virtudes. Tú eres
siempre mi Esposa tan fiel, pura y fecunda que nunca. Tu fe me procure fieles;
tu pureza me dé vírgenes; tu fecundidad, elegidos y templos 12.
35. Cuando
María ha echado raíces en un alma, realiza allí las maravillas de la gracia
que sólo Ella puede realizar, porque sólo Ella es la Virgen fecunda, que no
tuvo ni tendrá jamás semejante en pureza y fecundidad.
María ha colaborado con el Espíritu Santo en la obra de los siglos, es decir,
la encarnación del Verbo de Dios. En consecuencia, Ella realizará también los
mayores portentos de los últimos tiempos: la formación y educación de los
grandes santos, que vivirán hacia el final de los tiempos, están reservados a
Ella 13, porque sólo esta Virgen singular y milagrosa puede
realizar, en unión del Espíritu Santo, las cosas excelentes y extraordinarias.
36. Cuando
el Espíritu Santo, su Esposo, la encuentra en un alma, vuela y entra en esa
alma en plenitud, y se le comunica tanto más abundantemente cuanto más sitio
hace el alma a su Esposa. Una de las razones de que el Espíritu Santo no
realice ahora maravillas portentosas en las almas es que no encuentra en ellas
una unión suficientemente estrecha con su fiel e indisoluble Esposa.
Digo fiel e indisoluble Esposa porque desde que este Amor
sustancial del Padre y del Hijo se desposó con María para producir a
Jesucristo, Cabeza de los elegidos, y a Jesucristo en los elegidos, jamás la
ha repudiado, porque Ella se ha mantenido siempre fiel y fecunda.
B. CONSECUENCIAS
1. MARIA ES REINA DE LOS CORAZONES
37. De
lo que acabo de decir se sigue evidentemente:
En primer lugar, que María ha recibido de Dios un gran dominio sobre las almas
de los elegidos.
Efectivamente, no podría fijar en ellos su morada, como el Padre le ha
ordenado, ni formarlos, alimentarlos, darlos a luz para la eternidad –como
madre suya–, poseerlos como propiedad personal, formarlos en Jesucristo y a
Jesucristo en ellos, echar en sus corazones las raíces de sus virtudes y ser
la compañera indisoluble del Espíritu Santo para todas las obras de la
gracia... No puede, repito, realizar todo esto si no tiene derecho ni dominio
sobre las almas por gracia singular del Altísimo, que, habiéndole dado poder
sobre su Hijo único y natural, se lo ha comunicado también sobre sus hijos
adoptivos no sólo en cuanto al cuerpo –lo cual sería poca cosa–, sino también
en cuanto al alma.
38. María
es la Reina del cielo y de la tierra por gracia, como Cristo es Rey por
naturaleza y por conquista. Ahora bien, así como el reino de Jesucristo
consiste principalmente en el corazón o interior de los hombres, según estas
palabras: Dentro de ustedes está el reinado de Dios (Lc 17,21), del mismo modo
el reino de la Virgen María está principalmente en el interior del hombre, es
decir, en su alma. Ella es glorificada, sobre todo, en las almas, juntamente
con su Hijo, más que en todas las creaturas visibles, de modo que podemos
llamarla, con los santos, Reina de los corazones 14.
2. MARIA ES NECESARIA A LOS HOMBRES
a. para la salvación
39. Segunda
conclusión. Dado que la Santísima Virgen fue necesaria a Dios con necesidad
llamada hipotética, es decir, proveniente de la voluntad divina, debemos
concluir que es mucho más necesaria a los hombres para alcanzar la salvación.
La devoción a la Santísima Virgen no debe, pues, confundirse con las
devociones a los demás santos, como si no fuese más necesaria que ellas y sólo
de supererogación.
40. El
docto y piadoso Suárez, jesuita; el sabio y devoto Justo Lipsio, doctor de
Lovaina, y muchos otros han demostrado con pruebas irrefutables, tomadas de
los Padres –como San Agustín, San Efrén, diácono de Edesa; San Cipriano de
Jerusalén, San Germán de Constantinopla, San Juan Damasceno, San Anselmo, San
Bernardo, San Bernardino, Santo Tomás y San Buenaventura–, que la devoción a
la Santísima Virgen es necesaria para la salvación, y que así como es señal
infalible de reprobación –según lo han reconocido el mismo Ecolampadio y otros
herejes– el no tener estima y amor a la Santísima Virgen, del mismo modo es
signo infalible de predestinación el consagrarse a Ella y ser devoto suyo en
verdad y plenitud total 15.
41. Las
figuras y palabras del Antiguo 16 y del Nuevo Testamento lo
demuestran. El sentir y ejemplo de los santos lo confirma. La razón y la
experiencia lo enseñan y demuestran. El demonio y sus secuaces, impelidos por
la fuerza de la verdad, se han visto obligados a confesarlo muchas veces a
pesar suyo.
De todos los pasajes de los Santos Padres y doctores –de los cuales he
elaborado una extensa colección 17 para probar esta verdad–,
presento solamente uno para no ser prolijo: "Ser devoto tuyo, ¡oh María!
–dice San Juan Damasceno–, es un arma de salvación que Dios ofrece a los que
quiere salvar" 18. Ver VD 182..
42. Podría
referir aquí varias historias que comprueban esto. Entre otras: 1., la
que se cuenta en las crónicas de San Francisco 19: cuando vio en
éxtasis una larga escalera que llegaba hasta el cielo y en cuya cima estaba la
Santísima Virgen. Se le indicó que para llegar al cielo era necesario subir
por dicha escalera; 2., la que se refiere en las crónicas de Santo
Domingo (Ver SAR 101-104): cerca de Carcasona, donde el Santo predicaba el
rosario, quince mil demonios que se habían apoderado de un desgraciado hereje
se vieron forzados a confesar, con gran confusión suya, por mandato de la
Santísima Virgen, muchas, grandes y consoladoras verdades referentes a la
devoción a María, con tal fuerza y claridad, que por poco devoto que seas de
la Santísima Virgen, no podrás leer esta auténtica historia y el panegírico
que el demonio, a pesar suyo, hizo de esta devoción, sin derramar lágrimas de
alegría.
b. para una perfección particular
43. Si
honrar a la Santísima Virgen es necesario a todos los hombres para alcanzar su
salvación, lo es mucho más a los que son llamados a una perfección
excepcional. Creo personalmente que nadie puede llegar a una íntima unión con
Nuestro Señor y a una fidelidad perfecta al Espíritu Santo sin una unión muy
estrecha con la Santísima Virgen y una verdadera dependencia de su socorro.
44. Sólo
María halló gracia delante de Dios (Lc 1,30) sin auxilio de ninguna creatura.
Sólo por Ella han hallado gracia ante Dios cuantos después de Ella la han
hallado, y sólo por Ella la encontrarán cuantos la hallarán en el futuro.
Ya estaba llena de gracia cuando la saludó el arcángel Gabriel. Quedó
sobreabundantemente llena de gracia cuando el Espíritu Santo la cubrió con su
sombra inefable. Y siguió creciendo de día en día y de momento en momento en
esta doble plenitud, de tal manera que llegó a un grado inmenso e
incomprensible de gracia.
Por ello, el Altísimo la ha constituido tesorera única de sus riquezas y
dispensadora exclusiva de sus gracias para que embellezca, levante y
enriquezca a quien Ella quiera; haga transitar por la estrecha senda del cielo
a quien Ella quiera; introduzca, a pesar de todos los obstáculos, por la
angosta senda de la vida a quien Ella quiera, y dé el trono, el cetro y la
corona regia a quien Ella quiera.
Jesús es siempre y en todas partes el fruto e Hijo de María; y María es en
todas partes el verdadero árbol que lleva el fruto de vida y la verdadera
Madre que lo produce 20 .
45. Sólo
a María ha entregado Dios las llaves que dan entrada a las bodegas del amor
divino 21.
Sólo María permite la entrada en el paraíso terrestre a los pobres hijos de la
Eva infiel para pasearse allí agradablemente con Dios (ver Gn 3,8), esconderse
de sus enemigos con seguridad, alimentarse deliciosamente –sin temer ya a la
muerte– del fruto de los árboles de la vida y de la ciencia del bien y del mal
y beber a boca llena las aguas celestiales de la hermosa fuente que allí mana
en abundancia. Mejor dicho, siendo Ella misma este paraíso terrestre o tierra
virgen y bendita de la que fueron arrojados Adán y Eva pecadores, permite
entrar solamente a aquellos a quienes le place para hacerlos llegar a la
santidad 22.
46. De
siglo en siglo, pero de modo especial hacia el fin del mundo, todos los
grandes del pueblo buscan tu favor (Sl 45(44),14). San Bernardo comenta
así estas palabras del Espíritu Santo: los mayores santos, las personas más
ricas en gracia y virtud, son los más asiduos en implorar a la
Santísima Virgen y contemplarla siempre como el modelo perfecto que imitar y
la ayuda eficaz que les debe socorrer 23.
47. He
dicho que esto acontecerá especialmente hacia el fin del mundo –y muy pronto–
porque el Altísimo y su santísima Madre han de formar grandes santos que
superarán en santidad a la mayoría de los otros santos cuanto los cedros del
Líbano exceden a los arbustos. Así fue revelado a un alma santa cuya vida
escribió de Renty.
48. Estos
grandes santos, llenos de gracia y celo apostólico, serán escogidos por Dios
para oponerse a sus enemigos, que bramarán por todas partes. Tendrán una
excepcional devoción a la Santísima Virgen, quien les esclarecerá con su luz,
les alimentará con su leche, les guiará con su espíritu, les sostendrá con su
brazo y les protegerá, de suerte que combatirán con una mano y construirán con
la otra (ver Neh 4,17). Con una mano combatirán, derribarán, aplastarán a los
herejes con sus herejías, a los cismáticos con sus cismas, a los idólatras con
sus idolatrías y a los pecadores con sus impiedades. Con la otra edificarán el
templo del verdadero Salomón y la mística ciudad de Dios, es decir, la
Santísima Virgen, llamada precisamente por los Padres templo de Salomón y
ciudad de Dios.
Con sus palabras y ejemplos atraerán a todos a la verdadera devoción a María.
Esto les granjeará muchos enemigos, pero también muchas victorias y gloria
para Dios sólo. Así lo reveló Dios a San Vicente Ferrer, gran apóstol de su
siglo, como lo consignó claramente en uno de sus escritos. Es lo que parece
haber predicho el Espíritu Santo con las palabras del salmista:
... para que se sepa que Dios gobierna a Jacob
y hasta el confín de la tierra.
Vuelven por la tarde, ladran como perros,
merodean por la ciudad.
(Sl 59 [58],14-16)
Esta ciudad a la que acudirán los hombres al fin del mundo para convertirse y
saciar su hambre de justicia es la Santísima Virgen, a quien el Espíritu Santo
llama morada y ciudad de Dios (Sl 87 (86),3).
NOTAS:
1
Juego de alabras en lengua latina: Maria = mares, y Maria =
María.
2
Ver VD 216.
3
VD 142.
4
San Bernardino de Siena
5
Ver VD 141.
6
Francisco Poiré (1584-1637).
7
Ver LG 59.
8
Ver VD 63-65.94-95.
9
Ver VD 264.
10
"Es verdadera Madre de los miembros de Cristo por haber cooperado con amor a
que naciesen en la Iglesia los fieles que son miembros de aquella Cabeza..."
(LG 53; ver 61 y RM 20-24).
11
Ver VD 56.
12
En la exhortación Signum Magnum (13 de mayo de 1967, cincuentenario de
las apariciones de Fátima) Pablo VI afirma que María, gracias al esplendor de
sus virtudes, es Madre y Maestra de la Iglesia, en general y de cada alma en
particular (No. 8).
13
Ver VD 47-49.
14
Una oración indulgenciada por la Sda. Penitenciaría Apostólica, el 29 de junio
de 1924 dice: "Toma, pues, y recibe todo mi ser, oh María, Reina de los
Corazones".
15
Ver LG 68 y MC 56.
16
Ver LG 55.
17
Ver VD 40.
18
Ver VD 182.
19
Florecillas, C. 10.
20
Ver SM 70.
21
Ver SM 70.; ver san Juan de la Cruz, Cántico espiritual, estr. 25.
22
Ver VD 261.
23
San Bernardo.
CAPITULO III
MARIA EN LOS ULTIMOS TIEMPOS DE LA IGLESIA
1. María y los últimos tiempos
49. La
salvación del mundo comenzó por medio de María, y por medio de Ella debe
alcanzar su plenitud. María casi no se manifestó en la primera venida de
Jesucristo, a fin de que los hombres, poco instruidos e iluminados aún acerca
de la persona de su Hijo, no se alejaran de la verdad, aficionándose demasiado
fuerte e imperfectamente a la Madre, como habría ocurrido seguramente si Ella
hubiera sido conocida, a causa de los admirables encantos que el Altísimo le
había concedido aun en su exterior. Tan cierto es esto, que San Dionisio
Aeropagita escribe que, cuando la vio, la hubiera tomado por una divinidad, a
causa de sus secretos encantos e incomparable belleza, si la fe –en la que se
hallaba bien cimentado– no le hubiera enseñado lo contrario.
Pero, en la segunda venida de Jesucristo, María tiene que ser conocida y
puesta de manifiesto por el Espíritu Santo, a fin de que por Ella Jesucristo
sea conocido, amado y servido. Pues ya no valen los motivos que movieron al
Espíritu Santo a ocultar a su Esposa durante su vida y manifestarla sólo
parcialmente desde que se predica el Evangelio.
50. Dios
quiere, pues, revelar y manifestar a María, la obra maestra de sus manos, en
estos últimos tiempos 1:
1. porque Ella se ocultó en este mundo y se colocó más baja que el polvo por
su profunda humildad, habiendo alcanzado de Dios, de los apóstoles y
evangelistas que no la dieran a conocer;
2. porque Ella es la obra maestra de las manos de Dios tanto en el orden de la
gracia como en el de la gloria, y El quiere ser glorificado y alabado en la
tierra por los hombres;
3. porque Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de justicia,
Jesucristo, y, por lo mismo, debe ser conocida y manifestada si queremos que
Jesucristo lo sea;
4. porque Ella es el camino por donde vino Jesucristo a nosotros la primera
vez, y lo será también cuando venga la segunda, aunque de modo diferente;
5. porque Ella es el medio seguro y el camino directo e inmaculado para ir a
Jesucristo y hallarle perfectamente. Por Ella deben, pues, hallar a Jesucristo
las personas santas que deben resplandecer en santidad. Quien halla a María,
halla la vida (ver Pr 8,35), es decir, a Jesucristo, que es el Camino, la
Verdad y la Vida (Jn 14,6). Ahora bien, no se puede hallar a María si no se la
busca ni buscarla si no se la conoce, pues no se busca ni desea lo que no se
conoce. Es, por tanto, necesario que María sea mejor conocida que nunca, para
mayor conocimiento y gloria de la Santísima Trinidad;
6. porque María debe resplandecer, más que nunca, en los últimos tiempos en
misericordia, poder y gracia: en misericordia, para recoger y
acoger amorosamente a los pobres pecadores y a los extraviados que se
convertirán y volverán a la Iglesia católica; en poder contra los
enemigos de Dios, los idólatras, cismáticos, mahometanos, judíos e impíos
endurecidos, que se rebelarán terriblemente para seducir y hacer caer, con
promesas y amenazas, a cuantos se les opongan; en gracia, finalmente,
para animar y sostener a los valientes soldados y fieles servidores de
Jesucristo, que combatirán por los intereses del Señor;
7. por último, porque María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces
como un ejército en orden de batalla (Ct 6,3) 2, sobre todo en
estos últimos tiempos, cuando el diablo, sabiendo que le queda poco tiempo (Ap
12,17) –y mucho menos que nunca– para perder a las gentes, redoblará cada día
sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará en breve crueles persecuciones y
tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de
María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás.
2. Maria en la lucha final
51. A
estas últimas y crueles persecuciones de Satanás, que aumentarán de día en día
hasta que llegue el anticristo, debe referirse, sobre todo, aquella primera y
célebre predicción y maldición lanzada por Dios contra la serpiente en el
paraíso terrestre. Nos parece oportuno explicarla aquí, para gloria de la
Santísima Virgen, salvación de sus hijos y confusión de los demonios.
Pongo hostilidades entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo; ella herirá
tu cabeza cuando tú hieras su talón
(Gn 3,15).
52. Dios
ha hecho y preparado una sola e irreconciliable hostilidad, que durará y se
intensificará hasta el fin. Y es entre María, su digna Madre, y el diablo;
entre los hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y secuaces de
Lucifer. De suerte que el enemigo más terrible que Dios ha suscitado contra
Satanás es María, su santísima Madre. Ya desde el paraíso terrenal –aunque
María sólo estaba entonces en la mente divina– le inspiró tanto odio contra
ese maldito enemigo de Dios, le dio tanta sagacidad para descubrir la malicia
de esa antigua serpiente y tanta fuerza para vencer, abatir y aplastar a ese
orgulloso impío, que el diablo la teme no sólo más que a todos los ángeles y
hombres, sino, en cierto modo, más que al mismo Dios. No ya porque la ira,
odio y poder divinos no sean infinitamente mayores que los de la Santísima
Virgen, cuyas perfecciones son limitadas, sino:
1. porque Satanás, que es tan orgulloso, sufre infinitamente más al verse
vencido y castigado por una sencilla y humilde esclava de Dios, y la humildad
de la Virgen lo humilla más que el poder divino;
2. porque Dios ha concedido a María un poder tan grande contra los demonios,
que –como, a pesar suyo, se han visto muchas veces obligados a confesarlo por
boca de los posesos– tienen más miedo a un solo suspiro de María en favor de
una persona que a las oraciones de todos los santos, y a una sola amenaza suya
contra ellos más que a todos los demás tormentos.
53. Lo
que Lucifer perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva
condenó y perdió por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al
obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus
hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a
Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y
servidores, consagrándolos al Señor 3.
54. Dios
no puso solamente una hostilidad, sino hostilidades, y no sólo entre María y
Lucifer, sino también entre la descendencia de la Virgen y la del demonio. Es
decir, Dios puso hostilidades, antipatías y odios secretos entre los
verdaderos hijos y servidores de la Santísima Virgen y los hijos y esclavos
del diablo: no pueden amarse ni entenderse unos a otros.
Los hijos de Belial (Dt 13,14) 4, los esclavos de Satanás, los
amigos de este mundo de pecado –¡todo viene a ser lo mismo!– han perseguido
siempre, y perseguirán más que nunca de hoy en adelante, a quienes pertenezcan
a la Santísima Virgen, como en otro tiempo Caín y Esaú –figuras de los
réprobos– perseguían a sus hermanos Abel y Jacob, figuras de los
predestinados. Pero la humilde María triunfará siempre sobre aquel orgulloso,
y con victoria tan completa que llegará a aplastarle la cabeza, donde reside
su orgullo. María descubrirá siempre su malicia de serpiente, manifestará sus
tramas infernales, desvanecerá sus planes diabólicos y defenderá hasta al fin
a sus servidores de aquellas garras mortíferas.
El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo
particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su
calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres hijos que Ella suscitará
para hacerle la guerra. Serán pequeños y pobres a juicio del mundo; humillados
delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás
miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias y carismas, que
María les distribuirá con abundancia; grandes y elevados en santidad delante
de Dios; superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan
fuertemente apoyados en el socorro divino, que, con la humildad de su calcañar
y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a
Jesucristo.
3. María y los apóstoles de los últimos tiempos
55.
Sí, Dios quiere que su Madre santísima sea ahora más conocida, amada y honrada
que nunca. Lo que sucederá, sin duda, si los predestinados, con la gracia y
luz del Espíritu Santo, entran y penetran en la práctica interior y perfecta
de la devoción que voy a manifestarles en seguida.
Entonces verán claramente, en cuanto lo permite la fe, a esta hermosa estrella
del mar, y, guiados por ella, llegarán a puerto seguro a pesar de las
tempestades y de los piratas. Entonces conocerán las grandezas de esta
Soberana y se consagrarán enteramente a su servicio como súbditos y esclavos
de amor. Entonces saborearán sus dulzuras y bondades maternales y la amarán
con ternura como sus hijos de predilección. Entonces experimentarán las
misericordias en que Ella rebosa y la necesidad que tienen de su socorro,
recurrirán en todo a Ella, como a su querida Abogada y Mediadora ante
Jesucristo. Entonces sabrán que María es el medio más seguro, fácil, corto y
perfecto para llegar a Jesucristo 5, y se consagrarán a Ella en
cuerpo y alma y sin reserva alguna para pertenecer del mismo modo a
Jesucristo.
56. Pero,
¿qué serán estos servidores, esclavos e hijos de María?
Serán fuego encendido (Sl 104 [103],4; Hb 1,7), ministros del Señor que
prenderán por todas partes el fuego del amor divino.
Serán flechas agudas en la mano poderosa de María para atravesar a sus
enemigos: como saetas en manos de un guerrero (Sl 127 [126],4).
Serán hijos de Leví 6, bien purificados por el fuego de grandes
tribulaciones y muy unidos a Dios (14). Llevarán en el corazón el oro del
amor, el incienso de la oración en el espíritu, y en el cuerpo, la mirra de la
mortificación.
Serán en todas partes el buen olor de Jesucristo (ver 2Cor 2,15-16) para
los pobres y sencillos; pero para los grandes, los ricos y mundanos orgullosos
serán olor de muerte.
57. Serán
nubes tonantes y volantes (ver Is 60,8), en el espacio, al menor soplo del
Espíritu Santo. Sin apegarse a nada, ni asustarse, ni inquietarse por nada,
derramarán la lluvia de la palabra de Dios y de la vida eterna, tronarán
contra el pecado, descargarán golpes contra el demonio y sus secuaces, y con
la espada de dos filos de la palabra de Dios (Hb 4,12; Ef 6,17) traspasarán a
todos aquellos a quien sean enviados de parte del Altísimo.
58. Serán
los apóstoles auténticos de los últimos tiempos. A quienes el Señor de los
ejércitos dará la palabra y la fuerza necesarias para realizar maravillas y
ganar gloriosos despojos sobre sus enemigos.
Dormirán sin oro ni plata y –lo que más cuenta– sin preocupaciones en medio
de los demás sacerdotes, eclesiásticos y clérigos (Sl 68 [67],14) 7.
Tendrán, sin embargo, las alas plateadas de la paloma, para volar con la pura
intención de la gloria de Dios y de la salvación de los hombres adonde
los llame el Espíritu Santo. Y sólo dejarán en pos de sí, en los lugares donde
prediquen, el oro de la caridad, que es el cumplimiento de toda la ley (ver Rm
13,10).
59. Por
último, sabemos que serán verdaderos discípulos de Jesucristo. Caminarán sobre
las huellas de su pobreza, humildad, desprecio de lo mundano y caridad
evangélica, y enseñarán la senda estrecha de Dios en la pura verdad, conforme
al santo Evangelio y no a los códigos mundanos, sin inquietarse por nada ni
hacer acepción de personas; sin perdonar, ni escuchar, ni temer a ningún
mortal por poderoso que sea.
Llevarán en la boca la espada de dos filos de la palabra de Dios (Hb 4,12);
sobre sus hombros, el estandarte ensangrentado de la cruz; en la mano derecha,
el crucifijo; el rosario en la izquierda 8; los sagrados nombres de
Jesús y de María en el corazón, y en toda su conducta la modestia y
mortificación de Jesucristo.
Tales serán los grandes hombres que vendrán y a quienes María formará por
orden del Altísimo para extender su imperio sobre el de los impíos, idólatras
y mahometanos. Pero ¿cuándo y cómo sucederá esto?... ¡Sólo Dios lo sabe! A
nosotros nos toca callar, orar, suspirar y esperar: Yo esperaba con ansia
al Señor (Sl 40 [39],2).
NOTAS:
1
Ver LG 48-51.
2
VD 120
3
San Ireneo.
4
Blº: el devorador, personificación del poder de los poderes del mal.
5
Ver VD 152-168.
6
Una de las doce tribus, posesión especial del Señor, quien a su vez era
posesión especial suya.
7
Siguiendo la traducción de la Vulgata, este número del Tratado comenta los
versos 14-15 del salmo citado. Ver SA 17-25.
8
AC 19; SA 8.
SEGUNDA PARTE
EL CULTO DE MARIA EN LA IGLESIA
CAPITULO I
FUNDAMENTOS TEOLOGICOS DEL CULTO A MARIA