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La conmovedora paternidad del Santo Padre
expresada en la Carta enviada a los religiosos de la Familia Monfortiana
con ocasión de los 160 años de la publicación del “Tratado de la VD»
L’Osservatore Romano, febrero 20 de 2004.
San Luis María Grignion de Montfort: valor
teológico de una espiritualidad
BATTISTA CORTINOVIS
Postulador
de la Compañía de María.
Merece que se haga un estudio profundo de la
Carta que Juan Pablo II ha enviado «a los Religiosos y
Religiosas de las Familias monfortianas» sobre la doctrina
espiritual de san Luis María de Montfort.
Publicado por el Osservatore Romano del
14 de enero de 2004, el documento tiene como fecha el 8 de
diciembre de 2003, al querer recordar los 160 años de la
primera publicación del Tratado de la verdadera devoción a
María (1843). Ya que este escrito de san Luis María ha tenido
gran influencia espiritual en amplios estratos del Pueblo de
Dios, fieles y pastores (primero que todos, el mismo Juan
Pablo II), el aniversario citado interesa no sólo a las
“Familias monfortianas” sino al conjunto de la Iglesia.
El significado
de una respuesta
Por otra parte, esta Carta del Papa es como
una respuesta a la solicitud presentada hace como un año para
obtener la proclamación de san Luis María de Montfort como
doctor de la Iglesia. Esta petición estaba firmada por los
tres Superiores generales de la Familia monfortiana, y además
por el Obispo de Luçon –en cuya diócesis se encuentra la
tumba del Santo–, en nombre, por consiguiente, de aquella
iglesia local; la misma petición oficial estaba acompañada de
la adhesión de Cardenales y Obispos, de conferencias
episcopales, Institutos religiosos y millares de fieles de
diversos lugares del mundo.
«Aquel lema
“Totus Tuus”!»
No es la primera vez que Juan Pablo II expresa
su aprecio por la persona y doctrina de san Luis María
Grignion de Montfort.
Sin hablar de los discursos de circunstancia
dirigidos a grupos particulares, con ocasión de audiencias o
congresos específicos, y para limitarnos a los documentos
oficiales, bastará recordar las citas de este Santo hechas en
la Encíclica La Madre del Redentor (n. 48) y en la
Carta Apostólica: El Rosario de la Virgen María (nn. 8
y 15).
No olvidemos el escudo episcopal del Papa, con
el lema ¡Totus Tuus!, inspirado justamente en el
Tratado de la verdadera devoción a María, de Montfort.
Sin embargo, por primera vez un documento del
actual Pontífice entra en un análisis detallado de la doctrina
de san Luis María de Montfort, no sólo apreciando globalmente
su valor, sino indicando los significados teológicos y
eclesiales, en un contexto de amplia envergadura histórica y
espiritual, citando y hasta venciendo cierta reserva
presentada por quien no conoce suficientemente las enseñanzas
de este santo autor espiritual.
Ciertamente, la Carta hace emerger las
características teológicas de fondo de la espiritualidad de
san Luis María.
Si, de hecho, se la llama comúnmente
«mariana», esto no debe inducirnos a pensar en una simple
devoción a María, como si se tratase de una facultativa
sensibilidad hacia la Madre de Jesús; por el contrario, se
recupera fuertemente el aspecto cristocéntrico de toda
auténtica espiritualidad evangélica, según la consigna: ¡A
Jesús por María!
Y es un cristocentrismo estructurado sobre el
misterio fontal de la Encarnación, a su vez revelación y
manifestación histórica del misterio del Dios Trinidad (ver
nn. 2-4).
Maria es, pues, contemplada «en el misterio de
Cristo», como lo expresa el Concilio Vaticano II con el mismo
título del Capítulo VIII de la constitución dogmática sobre la
Iglesia. Al cual sigue, como también en el presente
documento pontificio, la contemplación de María en el misterio
de la Iglesia, «miembro eminente del Cuerpo místico y Madre de
la Iglesia» ( n. 5).
Otra novedad de máxima importancia en esta
Carta del Papa es que la lectura de los textos de Montfort no
está puesta en relación únicamente con la mariología del
Concilio Vaticano II, sino con toda la eclesiología conciliar.
La vocación universal a la santidad y el camino hacia la
perfección de la caridad son vistos como reflejados en el
itinerario espiritual trazado por Montfort, que invita a la
conversión y a la «total consagración de sí mismo a Jesús por
medio de María», con el fin de alcanzar la perfecta
conformación con Jesucristo, en la fiel docilidad al Espíritu
Santo, para gloria del Padre (n. 6).
La dimensión escatológica de la Iglesia
También la dimensión escatológica de la
Iglesia es vista como bien presente en la doctrina espiritual
de Montfort. La «peregrinación de la fe» de María «signo de
segura esperanza», y de la misma Iglesia, invita a todo fiel a
vivir el hoy eclesial, inmerso en el propio tiempo y en la
propia cultura, como apóstol de los últimos tiempos, es decir,
de estos tiempos, que son dados a cada uno como único tiempo
de salvación, por ello, último, más allá de cualquier
interpretación de carácter milenarista (nn. 7-8).
La citación en paralelo de pasajes de la
Constitución sobre la Iglesia y del Tratado de la
verdadera devoción a María, es la característica más
evidente del estilo relacional de esta Carta pontificia.
El Papa invita así a leer a san Luis María de
Montfort a la luz del Concilio Vaticano II, para una recta
interpretación del lenguaje con la teología de hoy, necesidad
normal para un autor que escribió hace 300 años.
Al mismo tiempo, esta lectura paralela
muestra, no obstante, una sorprendente concordancia de
contenidos, fruto sí de las intuiciones anticipadas de
Montfort, como buen teólogo de su tiempo y sabio pedagogo
espiritual, y más aún como Santo dócil al Espíritu que conduce
a la Iglesia de todo tiempo.
De aquí se deriva la actualidad de san Luis
María de Montfort para la Iglesia de hoy y su fecundidad y
profecía para la Iglesia de mañana.
Muchos fieles lo han comprendido y,
silenciosamente, lo han escogido como maestro espiritual en el
camino de la santidad.
Entre los numerosos Beatos y Santos
proclamados como tales en estos últimos años por Juan Pablo II,
no son pocos los que se han nutrido de las enseñanzas de san
Luis María de Montfort.
Lo cual se va conociendo a medida que se
publican las biografías que permanecían escondidas.
Maestro espiritual, pero ¿también doctor,
como ha sido pedido por muchos? La Carta del Papa saca a la
luz no pocos aspectos de las enseñanzas teológicas de san Luis
María de los cuales la Iglesia siente necesidad en el futuro
próximo: la importancia radical de la fe para el hombre
moderno, la dimensión trinitaria de la vida del cristiano, el
necesario cristocentrismo, la función de María para hacer
comprender a fondo el misterio de la Encarnación con todas sus
consecuencias, el compromiso prioritario de la santidad en la
Iglesia, el apostolado (o compromiso en la evangelización)
como madurez de la fe, y aún otros.
El descubrimiento del valor doctrinal
San Luis María de Montfort ha sido conocido
hasta ahora principalmente como un autor espiritual y, por
algunos, juzgado como devocional. Hoy los teólogos lo
están releyendo de una nueva manera, haciendo emerger el valor
doctrinal, explicitando las intuiciones o desarrollando las
potencialidades apenas aludidas. Juan Pablo II, con su Carta,
llega a animar este camino introduciéndolo y testimoniando aún
una vez más, no sólo su admiración por san Luis María sino
también su convicción acerca de la fecundidad de semejante
trabajo para el bien de toda la Iglesia.
(Traducción del texto en italiano
publicado en l’Osservatore Romano bajo el título escrito al
principio; Miguel Patiño H. smm., Roma feb. 24-2004.).
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