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Nació el 18 de Mayo de 1920, en Wadowice, sur de Polonia.
Su padre Karol, era sastre y militar. Su madre Emilia, era una inteligente mujer
de educación monástica. Ya llevaban 14 años de matrimonio, los mismos que tenia
su hermano adolescente Edmund, cuando nació el futuro Papa.
Fue bautizado a los dos días de nacer en la Iglesia de Santa María de Wadowice
con el mismo nombre de su padre, Karol (Carlos). Su familia empezó a llamarle
Lolus (Carlitos), que luego se convirtió en Lolek, apodo que le persiguió
durante toda su niñez y juventud.
Desde la escuela primaria se destaco por sacar las mejores notas desde el primer
día, y enseguida mostró una inclinación contemplativa y una curiosidad
filosófica que lo distinguiría en su personalidad adulta.
Después de la escuela se iba a jugar fútbol ya que era muy buen portero, a
nadar, a caminar, y en invierno a esquiar.
Sus actividades en casa iban desde escuchar historias que le leía su padre hasta
jugar de sacerdotes. Solía vestirse con una túnica blanca que le cosió su madre
para que utilizara cuando rezaba, y construyo un pequeño altar en su habitación.
Era también monaguillo de la Iglesia.
Desde pequeño contaba con muchos amigos y ningún enemigo, desde cristianos hasta
judíos.
La música era un elemento principal en su vida al igual que el teatro y la
poesía; los cuales utilizo para expresarse, como en ocasión de la muerte de su
madre.
Emilia murió a la edad de cuarenta y cinco años. En su funeral todos se
maravillaron por la entereza demostrada por Lolek quien decía: "a sido la
voluntad de Dios", cuando a los nueve años de edad tuvo que contar la mala
noticia a sus compañeros de clase.
No fue sino hasta siendo Papa que confeso que la muerte prematura de su madre,
junto con la de su hermano Edmund algunos años después, dejo un vacío en su
vida, que le llevo a aproximarse mas a su padre; pero también a enraizar de
manera mas profunda su ya existente amor a la Virgen Madre de Dios, acogiéndola
como su propia Madre. Desde los diez años recibió el Escapulario de la Virgen
del Carmen: "el cual aun conservo".
Su padre: "un hombre profundamente religioso y cuando enviudo
su vida fue de constante oración; sucedía que a veces me despertaba de noche y
lo encontraba arrodillado, igual que lo veía siempre en la Iglesia parroquial.
Entre nosotros no se hablaba de la vocación al sacerdocio, pero su ejemplo fue
para mi el primer seminario, un seminario domestico".
Sus actuaciones en el teatro eran muy celebradas en la esfera
local y fue nombrado el mejor orador. Ello hizo que le designaran para dar un
discurso de bienvenida al Arzobispo de Cracovia Sapieha, quien visito la escuela
y quien se sorprendiera gratamente por las palabras de Lolek que desprendían un
gran carisma.
Después de la ceremonia el Arzobispo le pregunto que planes
tenia: "¿Quizá el Seminario?", " Estudiare literatura y lingüística en la
Universidad de Cracovia" le dijo Lolek. "Lastima que no sea Teología" se lamento
el Arzobispo. "En ese periodo de mi vida, la vocación sacerdotal aun no estaba
madura, a pesar de que a mi alrededor habían muchos que opinaban que debía
entrar al seminario".
Lolek entro en la Universidad en 1938 y hasta el año siguiente recibió
instrucción militar en la legión universitaria. Los nazis alemanes ya mostraban
una fuerza que amenazaba toda Europa. De cualquier forma, el y sus compañeros
fueron eximidos del servicio militar. Al desatarse la Segunda Guerra Mundial los
alemanes se apoderaron de Cracovia, cerraron las universidades, la catedral y
empezaron a asediar a los judíos y los sacerdotes católicos.
Frente a esta situación y con un grupo de amigos, fundaron una Universidad
clandestina en donde estudiaban filosofía, idiomas y literatura.
En 1940 tuvo que trabajar en una cantera, para evitar la deportación a un campo
alemán de trabajos forzados, "yo era asistente del encargado de explosivos,
quien siempre me decía: Karol, deberías hacerte sacerdote, tienes buena voz y
cantarías muy bien". Su padre moriría entonces, dejando a su hijo huérfano y sin
hermanos.
Trabajo también en una fabrica de bicarbonato: "la fabrica fue para mi en
aquella etapa de mi vida un verdadero seminario, aunque clandestino. En esos
años fue que maduro mi decisión definitiva". En 1942 comenzó sus estudios en un
seminario clandestino que organizara Sapieha. Su experiencia de
"seminarista-obrero" le ayudo a conocer de cerca el cansancio físico.
"Encontraba gente que realizaba trabajos muy duros y conocí su ambiente, sus
familias, sus intereses, su valor humano y su dignidad. Sabían que yo era
estudiante y me decían: nosotros estaremos atentos, tu lee. Tengo todavía muchas
amistades de estas que perduran por correspondencia hasta hoy día".
De ese periodo en que iba tomando fuerza su vocación sacerdotal dice: "mi manera
de entender el culto a la Madre de Dios experimento un cambio. Estaba convencido
de que María nos lleva a Cristo, pero empece a entender que también Cristo nos
lleva a su Madre. Hubo un momento en el cual me cuestione mi culto a María,
considerando que si era excesivo, acabaría por comprometer la supremacía del
culto debido a Cristo. Me ayudo entonces el libro de San Luis María Grignion de
Montfort titulado El Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen, y en el
encontré las respuestas a mis dudas y así descubrí nuevas riquezas de la
devoción mariana. Esto explica el origen del "TOTUS TUUS", una expresión
derivada de San Luis María Grignion de Montfort; entregándome a Ella sin
reservas, así como a mi vocación".
Lolek recuerda: "Me ahorre buena parte del drama inmenso y terrible de la II
Guerra Mundial. Podría haber sido arrestado cualquier día, en casa, en la
cantera, en la fabrica, y llevado a un campo de concentración. A veces me
preguntaba ¿Por qué no perdía yo la vida de la misma manera que tantos jóvenes
de mi edad? Hoy se que no era mera casualidad".
Fue ordenado sacerdote el 1 de noviembre de 1946, a la edad de 26 años, en el
seminario mayor de Cracovia y celebro su primera misa en la Catedral de Wavel.
Al poco tiempo obtuvo la licencia de Teología en la Universidad Pontificia de
Roma y mas delante de doctoro en Filosofía.
En 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia,
convirtiéndose en el miembro mas joven del Episcopado Polaco. Participo en el
Concilio Vaticano II, donde participo especial y activamente. Durante estos años
el Obispo Wojtyla vive una intensa labor apostólica, especialmente con los
jóvenes.
En 1964 ocupa la sede de Cracovia como titular, y dos años después el Papa Pablo
VI convierte Cracovia en Arquidiócesis y a el en Arzobispo. En esta labor el
futuro Papa se caracterizo por la integración de los laicos en las tareas
pastorales, la promoción del apostolado juvenil y vocacional, la construcción de
templos a pesar de la fuerte oposición del régimen comunista, la promoción
humana y formación religiosa de los obreros y el aliento del pensamiento y las
publicaciones católicas.
En 1967, a los 47 años de edad, fue nombrado Cardenal. En 1978 muere el Papa
Pablo VI y es elegido Papa el Juan Pablo I, quien muere a los 33 días de su
pontificado.
El 15 de octubre de 1978 el Cardenal Karol Wojtyla es elegido como Papa,
rompiendo la tradición de mas de 400 años de papa italianos y cumpliéndose la
profecía hecha por el Santo Padre Pío de Pietrachina ,cuando Lolek aun era solo
un sacerdote en 1947: "Serás Papa".
El 22 de Octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice asumiendo el nombre
de Juan Pablo II.

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Juan Pablo II
Los récords en 23 años de Pontificado
El 16 de octubre de 2001, Juan Pablo II celebro 23 años de
su elección como Obispo de Roma sin fiestas particulares, cumpliendo como suele
hacer en sus días de fiesta personal con una agenda apretada.
Al Papa no le gusta hablar de récords, pero estos 23 años
conforman un pontificado con números sin precedentes.
El Papa Wojtyla ha recorrido 128 países atravesando una
distancia tres veces superior a la que le separa a la tierra de la luna.
Ha escrito mas de 100 documentos entre encíclicas,
exhortaciones, constituciones, cartas apostólicas, etc. Entre ellas se
encuentran piedras angulares para las próximas décadas como el Catecismo de la
Iglesia Católica o el Código de Derecho Canónigo.
Ha convocado 8 consistorios, 15 sínodos, y a proclamado
452 santos y 1172 beatos.
Ha presidido mas de 1000 audiencias generales a peregrinos
en el Vaticano con la participación de mas de 16 millones de fieles.
A realizado 138 visitas pastorales a Italia y a mas de 720
parroquias o instituciones de la ciudad de Roma.
Es quien mas se ha entrevistado con políticos, diplomático
y lideres religiosos.
El pontificado de Juan Pablo II a sido uno de los mas
importantes de los últimos siglos, para la Iglesia y para el mundo.
Juan Pablo II a sido el Papa mas visible de la historia,
el ser humano mas visible de la historia. Es seguro que le ha visto en vivo mas
gente que a cualquier otra persona del mundo; si a eso se añade el impacto de la
televisión resulta imposible determinar hasta que punto de la humanidad ha
llegado.
Juan Pablo II es un intelectual, es un místico, un
deportista, un filosofo, es un célibe dotado de gran perspicacia en lo que se
refiere a la sexualidad humana, vivió desde los 19 hasta los 58 años bajo
regímenes totalitarios y conoce como ninguno de la democracia.
Ha causado considerable impacto en los asuntos mundiales y
en la vida de la Iglesia, sin manifestar el mas minino interés en puestos
políticos.
Es el hombre mejor informado del mundo, pero rara vez lee
los periódicos.
Juan Pablo II es una "estrella con luz propia", que brilla
en la noche mas tenebrosa del mundo y de la Iglesia, el Papa mas sufriente y mas
doliente a causa de los acontecimientos actuales de la humanidad. Al amor mas
perfecto le corresponde un sufrimiento perfecto, el "Dulce Cristo sobre la
tierra" refleja hoy día físicamente el dolor por los pecados de la humanidad,
por las infidelidades a la Iglesia de Jesucristo, por la falta de caridad entre
hermanos, por la falta de amor a Dios.
Sin embargo, esa "luz propia" a la que corresponde su
brillo; se ve engrandecida con la constante asistencia divina, que le hace
seguir siendo a sus 82 años un hombre perspicaz, inteligente, espontaneo, vivaz,
agudo, astuto, valiente y que solo se extinguirá con el ultimo aliento de su
vida efectuando su apostólica misión, y ciertamente, ni entonces; pues solo
tornara su brillo para resplandecer mas.
TOTUS TUUS ¡OH PAPA!

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Juan Pablo II
¿Que dicen de El?
"Juan Pablo II es un Papa que no ha decepcionado las
múltiples esperanzas que los hombres de nuestro tiempo han puesto en el. Cuando
estas en su presencia dices: He aquí un gran hombre, un verdadero líder. Es un
hombre de libertad, de fe, que sufre siempre que la Iglesia o el hombre es
oprimido. Ocupara con todo derecho un puesto de privilegio en la historia de
nuestro tiempo. Yo no soy católico, pero siento hacia el un profundísimo respeto
y un sincero afecto". George Bush - expresidente de Estados Unidos.
"El mundo entero sabe que cuenta con vuestro amor y con
vuestra atención, porque habéis consagrado vuestra vida al servicio. Esto es lo
que hace que vuestra presencia sea deseada en todas partes, que vaya sembrando
esperanzas, ansias de que se apague el odio y nazca la voluntad de un modo
fraterno de vivir". Juan Carlos – Rey de España
"En el Papa yo he encontrado al hombre de la confianza, al
hombre cuya certeza de la existencia de la gracia divina se transmite enseguida
a los demás. Toda su figura, sus gestos, el modo mismo con que se inclina,
expresan confianza. Esta confianza incluso se trasluce en la manera de moverse,
como si abrazara caminando, toda la tierra" Lech Walesa - expresidente de
Polonia y fundador de Solidaridad.
"La personalidad de este hombre de Dios, unidas a su
bondad, a su carisma, a su sonrisa, a conquistado incluso a los no creyentes. He
oído a un joven japonés (no creyente) susurrar acerca de el: ¡Que gran hombre!"
Shusaku Endo - Premio Novel de Literatura, novelista japonés.
"La figura del Papa atrae irresistiblemente a los jóvenes
porque ven en el franqueza, alegría, felicidad. Ven en el un modelo de vida. No
hay nadie en el mundo que pueda darles un mensaje mas valioso, que valga la pena
vivirse". Abel Balbo - futbolista de la selección argentina, estrella del Club
Roma.

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Juan Pablo II
Intimidades
Cuando mas nos acercamos a Juan Pablo II, mas motivos
tenemos de admiración y veneración. Su gran amigo Joaquín Navarro-Valls, "el
portavoz del Vaticano", quien es el seglar que mas tiempo permanece junto al
Papa nos cuenta:
"Después de tantos años como llevo con el, con muchas
horas seguidas a su lado, no me he acostumbrado a hablar con el Santo Padre, y
le pido a Dios que no me deje acostúmbrame.
El Santo Padre es de gran sencillez en su trato.
Normalmente te recibe siempre con una broma, siempre muestra su afecto de alguna
forma, a mi y a todos los que trabajamos con el. Es tan cordial que a veces
tienes que recordar que estas con el Santo Padre, si tu te pasas o te excedes en
la confianza, el no te lo va a recordar.
Después de tantos años escuchándoles sobre los temas mas
variados creo que he llegado a conocer cual es la personalidad de Karol Wojtyla,
de manera que seria lógico prever sus reacciones. Pero de repente notas que
falla la previsión, con el dato psicológico solo no se entienden sus decisiones,
es esos momentos no queda mas que admitir que ha intervenido la gracia; una
gracia que en el se manifiesta de una manera muy especial y particular.
Eso lo notas mucho cuando tienes la oportunidad de estar
cerca de le mientras reza; lo cual es fácil porque su vida es rezar. Se levanta
poco después de las 5 de la mañana para hacer su oración, que dura casi una hora
antes de celebrar Misa. Después se retira a trabajar, hasta las 11 que inician
las audiencias, pero antes vuelve a su oratorio otro buen rato. La puerta de su
oratorio siempre esta abierta, es como una continuación de su habitación y de su
lograr de trabajo. Entra en el a la menor oportunidad.
El Santo Padre ha tomado la decisión de dormir, durante
sus viajes, solo en casas o residencias religiosas. El siempre se queda allí
mientras el resto nos vamos a un hotel con aire acondicionado y un mínimo de
comodidades.
Así son los viajes del Santo Padre, deberían ser
agotadores, para todos los demás los son y acabamos muertos. El sin embargo
jamas hace un comentario sobre fatigas o incomodidades.
No le gustan los privilegios y normalmente descansa en el
propio asiento del avión , como todos nosotros, aun cuando siempre tiene
preparada una litera para reposar.
El esta proyectado hacia los demás, olvidado de si mismo.
Come cuando le dicen que hay que comer y en cada país lo que le den. ¡Ni
siquiera sabemos cuales son sus platos favoritos!
Pese a las grandezas del Vaticano, su apartamento es
reducido, impersonal, al que no ha traído nada propio. Duerme en la misma cama
en que murió Juan Pablo I. Lo que mas le gusta es la montaña, el aire libre.
El Santo Padre no se agobia, tiene siempre una gran
presencia de Dios y contempla todas las cosas en esa perspectiva. Ni ignora ni
disminuye los problemas, sencillamente sabe colocarlos en el lugar adecuado.
Otra de sus capacidades es la de concentrarse en los
asuntos. Los estudia exhaustivamente, recabando los datos que considera
necesarios; pero una vez tomada la decisión, pasa al siguiente tema sin pensar
mas.
Al Santo Padre nunca lo he visto tenso, no creo que naya
lo haya visto, y motivos humanamente no le faltan para estarlo. Pero sabe
distanciar perfectamente el problema de la persona; es lo que se llama un
espíritu objetivo".
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Juan Pablo II
Anécdota "El Mendigo que confeso al Papa"
En el programa de televisión de Madre Angélica de EWTN de
Estados Unidos, relataron un episodio poco conocido de la vida de Juan Pablo II.
Un sacerdote norteamericano de la diócesis de Nueva York
se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma, cuando al entrar, se
encontró con un mendigo. Al observarlo se dio cuenta de que le conocía, era un
antiguo compañero de seminario, ordenado sacerdote el mismo día que el. Ahora
mendigaba por las calles.
Tras saludarle e identificarse, escucho de labios del
mendigo como había perdido su fe y su vocación. Quedo profundamente estremecido.
Al día siguiente el sacerdote de Nueva York tuvo la
oportunidad de asistir a la Misa privada del Santo Padre y poderle saludar al
final de la celebración. Al llegar hasta el sintió un impulso de arrodillarse
ante el Santo Padre y pedirle que rezara por su antiguo compañero de seminario,
y le describió brevemente la situación.
Unos días después recibió la invitación del Vaticano a
cenar con el papa, en la que le solicitaba llevara consigo al mendigo de la
parroquia. El sacerdote le comento al mendigo el deseo del papa, y una vez
convencido, le llevo al hotel, le ofreció ropa y la oportunidad de arreglarse.
El Pontífice, después de la cena, le pidió al sacerdote
que les dejara solos, y pidió luego al mendigo que escuchara su confesión. El
hombre impresionado, le respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa le
contesto: "una vez sacerdote, sacerdote siempre". Pero estoy fuera de mis
facultades le dijo este. "Yo soy el Obispo de Roma, y me puedo encargar de eso",
le dijo el Papa.
El hombre escucho la confesión del Santo Padre y la pidió
a su vez que escuchara la propia. Después de ella lloro amargamente. Al final
Juan Pablo II le pregunto en que parroquia había estado mendigando, y le asigno
asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos.
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El Papa y María:
Un flechazo en plena dominación nazi
El pontífice revela cómo comprendió el papel de la Virgen en su vida
ROMA, 13 oct. (ZENIT.org).- Juan Pablo II hizo confesiones inéditas esta
mañana sobre los años de juventud, en los que, en plena dominación nazi, siendo
seminarista, trabajaba en la fábrica Solvay de Cracovia: allí descubrió, el
papel que tiene María en su vida y en la de todo cristiano.
El pontífice abrió su corazón a las confidencias al recibir a los participantes
en el VIII Coloquio internacional de mariología, organizado en Roma. El
encuentro ha servido para lanzar de manera oficial la petición al Papa para que
declare doctor de la Iglesia a Luis María Grignion de Montfort (1673-1716), uno
de los clásicos de la espiritualidad cristiana, de quien el Papa ha tomado
prestado el lema de su pontificado: «Totus Tuus» («Todo tuyo»).
En aquellas circunstancias trágicas para Polonia, evocó el Papa Wojtyla: «Leí y
releí muchas veces y con gran provecho espiritual este precioso libro ascético
de portada azul, que se había manchado de sodio».
Leyendo este texto, explicó, el joven seminarista comprendió que la presencia de
María en la vida espiritual de un cristiano no está en competencia con la
persona de Cristo, sino que deriva de él y está a su servicio.
«Entonces comprendí que no podía excluir a la Madre del Señor de mi vida sin
desatender a la voluntad de Dios-Trinidad --aclaró--, que ha querido comenzar y
cumplir los grandes misterios de la historia de la salvación con la colaboración
responsable y fiel de la humilde Sierva de Nazaret».
Juan Pablo II subrayó, de este modo, cómo Grignon de Monfort invita a vivir una
espiritualidad que estimula a entregarse con decisión completa y conscientemente
a Cristo y, mediante Él, al Espíritu Santo y al Padre.
Continuando con sus confidencias, el Papa explicó por qué escogió como lema de
episcopado y pontificado las palabras «Todo tuyo», un acto de entrega a María:
«Al repetirle cada día "Totus TUUS", y al vivir en sintonía con ella, se puede
llegar a la experiencia del Padre en la confianza y en el amor sin límites, a la
docilidad al Espíritu Santo y a la transformación de sí según la imagen de
Cristo».
Como recordó el obispo de Luçon, monseñor François Garnier, en su saludo al
Papa, Juan Pablo II, durante su visita a Vandea, el 9 de septiembre de 1996, fue
a Saint-Laurent sur Sèvre para a rezar ante la tumba de san Luis María Grignon
de Monfort. La influencia de este personaje en su pensamiento ya había quedado
clara también en la encíclica «Redemptoris Mater». El mismo monseñor Garnier, al
saludar al Papa en nombre de las tres congregaciones religiosas que fundó este
santo, pidió oficialmente que sea proclamado doctor de la Iglesia.
Doctor de la Iglesia es un título que otorga el Papa o un concilio ecuménico a
ciertos santos para reconocerlos como eminentes maestros de la fe para los
cristianos de todos los tiempos. En la actualidad hay 33 doctores, entre los que
se encuentran 3 mujeres (santa Teresa de Ávila, santa Catalina de Siena y santa
Teresa de Lisieux).
En estos momentos, según ha revelado el postulador oficial de la causa, el padre
Battista Cortinovis, a los micrófonos de «Radio Vaticano», la Congregación para
las Causas de los Santos está consultando a la Congregación para la Doctrina de
la Fe la conveniencia de hacer un pronunciamiento de esta importancia. La
Congregación que dirige el cardenal Joseph Ratzinger ha nombrado a una comisión
de consultores quien, en un determinado período de tiempo, tendrán que dar una
respuesta. Si el parecer es positivo, la Congregación para las Causas de los
Santos preparará una «positio», es decir, toda la documentación necesaria para
demostrar la eventual proclamación. En ese momento, al Santo Padre le
corresponderá tomar la última decisión.
Luis María Grignon de Monfort fue beatificado por León XIII y canonizado por Pío
XII.
ZS00101308
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La Santísima Virgen María introduce al creyente en el centro
mismo del misterio trinitario
(L’osservatore Romano N. 43 –27 de octubre de 2000 -Edición en
lengua española)
DISCURSO DE JUAN PABLO II
A LOS PARTICIPANTES EN EL VIII COLOQUIO
INTERNACIONAL DE MARIOLOGÍA
Viernes 13 de octubre de 2000
A principios de octubre se celebró en Roma el
VIII Coloquio Internacional de mariología, organizado por la familia
monfortiana, sobre el tema: «San Luis María Grignion de Montfort: espiritualidad
trinitaria en comunión con María». Cuando el joven Karol Wojtyla, seminarista
clandestino, trabajaba en la fábrica Solvay de Cracovia, su director espiritual
le aconsejó meditar en el «Tratado de la verdadera devoción a la santísima
Virgen» de san Luis María. Lo leyó y releyó muchas veces, con gran provecho
espiritual, y desde entonces constituyó para él un importante punto de
referencia en su vocación. Juan Pablo II visitó la tumba de este santo, en
Saint-Laurent-sur-Sèvre, Francia, el 19 de septiembre de 1996. El viernes 13 de
este mes, Su Santidad recibió en audiencia a los organizadores, relatores y
participantes en el Coloquio. Al inicio del encuentro, Monseñor François
Garnier, obispo de Luzon (Francia), pronuncio unas breves palabras de saludo. El
santo Padre les dirigió el discurso cuya traducción ofrecemos a continuación.
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Me alegra acogeros hoy, con ocasión del VIII Coloquio
internacional de mariología sobre el tema: "San Luis María Grignion de
Montfort: espiritualidad trinitaria en comunión con María". Os saludo a
todos con afecto: a los organizadores, a los relatores y a los
participantes. Agradezco en particular a monseñor François Garnier, obispo de
Luzón, las cordiales palabras con que ha interpretado vuestros sentimientos
comunes.
Este encuentro nos trae a la memoria el que tuvo lugar en
1706 aquí en Roma entre mi venerado predecesor Clemente XI y el misionero bretón
Grignion de Montfort, que vino a pedir al Sucesor de Pedro luz y fortaleza para
el camino apostólico que había emprendido. Pienso también con gratitud en la
peregrinación que la Providencia me concedió realizar a la tumba de este gran
santo en Saint-Laurent-sur-Sèvre, el 19 de septiembre de 1996.
San Luis María Grignion de Montfort constituye para mí una
significativa figura de referencia, que me ha iluminado en momentos importantes
de la vida. Cuando trabajaba en la fábrica Solvay de Cracovia siendo seminarista
clandestino, mi director espiritual me aconsejó meditar en el "Tratado de la
verdadera devoción a la santísima Virgen". Leí y releí muchas veces y con gran
provecho espiritual este valioso librito de ascética, cuya portada azul se había
manchado con sosa cáustica.
Al poner a la Madre de Cristo en relación con el misterio
trinitario, Montfort me ayudó a comprender que la Virgen pertenece al plan de la
salvación por voluntad del Padre, como Madre del Verbo encarnado, que concibió
por obra del Espíritu Santo. Toda intervención de María en la obra de
regeneración de los fieles no está en competición con Cristo, sino que deriva de
él y está a su servicio. La acción que María realiza en el plan de la salvación
es siempre cristocéntrica, es decir, hace directamente referencia a una
mediación que se lleva a cabo en Cristo. Comprendí entonces que no podía excluir
a la Madre del Señor de mi vida sin dejar de cumplir la voluntad de Dios trino,
que quiso "comenzar a realizar" los grandes misterios de la historia de la
salvación con la colaboración responsable y fiel de la humilde esclava de
Nazaret.
Asimismo, ahora doy gracias al Señor por haber podido
experimentar cuanto habéis profundizado también vosotros en este coloquio, o
sea, que la acogida de María en la vida en Cristo y en el Espíritu introduce al
creyente en el centro mismo del misterio trinitario.
2. Amadísimos hermanos y hermanas, durante vuestro simposio
habéis estudiado la espiritualidad trinitaria en comunión con María: un
aspecto que caracteriza la enseñanza de Montfort.
En efecto, él no propone una teología sin influencia alguna
en la vida concreta y tampoco un cristianismo "por encargo", sin asumir
personalmente los compromisos que derivan del bautismo.
Al contrario, invita a una espiritualidad vivida con
intensidad; estimula a entregarse, con una decisión libre y consciente, a Cristo
y, por medio de él, al Espíritu Santo y al Padre. Desde esta perspectiva se
comprende cómo la referencia a María perfecciona la renovación de las promesas
bautismales, puesto que María es precisamente la criatura "más semejante a
Cristo" (cf. Tratado de la verdadera devoción a la santísima Virgen, 121).
Sí, toda la espiritualidad cristocéntrica y mariana que
enseña Montfort deriva de la Trinidad y lleva a ella. A este respecto,
impresiona su insistencia en la acción de las tres Personas divinas en relación
con María. Dios Padre "dio a su Hijo único al mundo sólo por medio de María" y
"quiere tener hijos por medio de María hasta el fin del mundo" (ib., 16 y 29).
Dios Hijo "se hizo hombre por nuestra salvación, pero en María y por medio de
María" y "quiere formarse y, por decirlo así, encarnarse día a día, por medio de
su amada madre, en sus miembros" (ib., 16 y 31). Dios Espíritu Santo "comunicó a
María, su Esposa fiel, sus dones inefables" y "quiere formarse, en ella y por
medio de ella, a elegidos" (cf. ib., 25 y 34).
3. María aparece, por tanto, como espacio de amor y de acción
de las Personas de la Trinidad, y Montfort la presenta en una perspectiva
relacional: "María es totalmente relativa a Dios, y yo la llamaría muy
bien la relación con Dios, la que sólo existe en relación con Dios" (ib., 225).
Por esta razón la Toda Santa lleva hacia la Trinidad. Repitiéndole a diario
Totus TUUS y viviendo en sintonía con ella, se puede llegar a la experiencia del
Padre mediante la confianza y el amor sin límites (cf. ib., 169 y 215), a la
docilidad al Espíritu Santo (cf. ib., 258) y a la transformación de sí según la
imagen de Cristo (cf. ib., 218-221).
Sucede a veces que en la catequesis, y también en los
ejercicios de piedad, se da por supuesto el aspecto trinitario y cristológico,
que en ellos es intrínseco y esencial (cf. Marialis cultus, 25). Por el
contrario, en la visión de Grignion de Montfort la fe trinitaria impregna
totalmente las oraciones dirigidas a María: "Te saludo, María, Hija
amabilísima del Padre eterno, Madre admirable del Hijo,
Esposa fidelísima del Espíritu Santo, templo augusto de la santísima Trinidad"
(Métodos para rezar el rosario, 15). De igual modo, en la Súplica ardiente,
dirigida a las tres Personas divinas y proyectada hacia los últimos tiempos de
la Iglesia, se contempla a María como la montaña de Dios (n. 25), ambiente de
santidad que eleva hacia Dios y transforma en Cristo.
Ojalá que todo cristiano haga suya la doxología que Montfort
pone en los labios de María en el Magníficat: "Adoremos y bendigamos a
nuestro único y verdadero Dios. Que resuene el universo y se cante por doquier:
Gloria al Padre eterno, gloria al Verbo adorable. La misma gloria al Espíritu
Santo, que con su amor los une en un vínculo inefable" (Cántico, 85, 6).
Implorando sobre cada uno de vosotros la asistencia continua
de la Virgen santísima, para que viváis vuestra vocación en comunión con ella,
nuestra Madre y modelo, os imparto de corazón una especial bendición apostólica.
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San Lorenzo,
Jueves 19 de septiembre de 1996
Celebración de las Vísperas de
san Luis María Grignion de Montfort
Homilía del santo Padre
Queridos Hermanos y Hermanas,
1. Con ocasión de la peregrinación a las tumbas de san
Luis María Grignion de Montfort y de la beata María Luisa de Jesús, me alegra
mucho celebrar la liturgia de las Vísperas con ustedes, personas consagradas,
procedentes de todo el occidente francés. Agradezco a Mons. Francisco Garnier,
obispo de Luçon, y a los Superiores de la familia monfortiana las palabras que
me han dirigido a nombre de ustedes, lo mismo que a nombre de la comunidad
diocesana aquí representada. A todos les dirijo un afectuoso saludo.
2. La lectura de la Carta a los Romanos que acabamos de
escuchar, nos habla de la vocación de la humanidad en Cristo. Desde toda
eternidad, somos conocidos y llamados en Cristo a reproducir la
imagen de Aquél que es «el primogénito de muchos hermanos» (Rom 8,29). En Él,
verdadero Dios y verdadero Hombre, el Padre nos ha mostrado el sentido de
nuestra vocación. Entre el conocimiento eterno del hombre que el Padre tiene en
el Verbo y la llamada que dirige al hombre en el tiempo, existe un vínculo
estrecho. Cristo sabe que su venida al mundo, y particularmente su pasión,
muerte y resurrección, deben revelar a los hombres su vocación, inscrita por
el Padre en el misterio de la Encarnación de su Hijo. Consciente de ello,
Cristo al término de su misión terrestre, dirige a los Apóstoles esta
exhortación: «Por tanto, vayan a hacer discípulos entre todos los pueblos,
bautícenlos consagrándolos al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, y enséñenles
a cumplir cuanto les he mandado. Yo estaré con ustedes siempre, hasta el fin del
mundo» (Mt 28, 19-20).
3. De siglo en siglo, los sucesores de los apóstoles y de
muchos discípulos han trabajado para cumplir esta misión que el Señor les
confió. En la región de ustedes, san Luis María Grignion de Montfort fue uno de
los más notables. Me siento feliz de iniciar mi peregrinación en tierra francesa
bajo el signo de esta gran figura. Ustedes saben que debo mucho a este santo y a
su «Tratado de la verdadera Devoción a la Santísima Virgen». Ya que mi visita
pastoral se ubica en gran parte bajo el signo del bautismo, hoy quiero ante todo
poner de relieve el hecho que, en el espíritu de san Luis María, toda la vida
espiritual proviene directamente del sacramento del santo bautismo. Así
lo destaca un pasaje significativo del Acto de consagración a Jesucristo por las
manos de María, redactado precisamente por Montfort. En el centro de este acto,
hay estas palabras: «Yo, - aquí se pronuncia el nombre; por ejemplo: Luis María
o Juan Pablo o Carlos - pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en tus manos
(entre las manos de María) los votos de mi bautismo; renuncio para siempre a
Satanás, a sus pompas y a sus obras y me consagro totalmente a Jesucristo, la
Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz en su seguimiento todos los días de mi
vida…» (El amor de la Sabiduría eterna, No 225).
La llamada a vivir la promesas del santo bautismo es
clara. En la liturgia bautismal se le preguntó a cada uno de nosotros:
«Renuncias a Satanás, a todas su obras y seducciones?» Y luego: «crees?» El acto
del bautismo va a la par con la opción por Dios, la opción por Cristo, la opción
por vivir en la gracia del Espíritu Santo. Esta opción es, en cierto sentido, la
victoria sobre el pecado original. La gracia sacramental del bautismo borra el
pecado original. Pero el hombre que lo recibe debe también renunciar al pecado,
para corresponder así a la justificación que se le ofrece por su fe en Cristo.
En la gracia del bautismo, hay un cierto retorno al inicio, a los orígenes,
cuando había que escoger el bien y no el mal, acoger la salvación y no
rechazarla. Si Grignion de Montfort hizo entrar esto en el contenido de su
verdadera devoción a la Madre de Dios, lo hizo porque María, por voluntad
divina, desde su Inmaculada Concepción, fue inscrita en el plan de Dios para
superar el pecado por medio de la justificación recibida de la gracia que viene
de Cristo. Es bueno que al comienzo de esta peregrinación que me conducirá
igualmente a Reims para celebrar los 1.500 años del bautismo de Clodoveo,
podamos considerar aquí, desde un punto de vista mariano, el significado
esencial del bautismo.
4. Al dirigirme a ustedes, hombres y mujeres comprometidos
en la vida consagrada, quisiera reafirmar que, «en la tradición de la Iglesia,
la profesión religiosa es considerada como una singular y fecunda profundización
de la consagración bautismal en cuanto que, por su medio, la íntima unión con
Cristo (…) se desarrolla» (Vida Consagrada, No 30). Ustedes están llamados a ir
aún más lejos, gracias a «un don particular del Espíritu» (ibid.), puesto que
ustedes escogieron practicar radicalmente los consejos evangélicos para seguir a
Cristo, y toman por modelo a la Virgen María, «ejemplo sublime de perfecta
consagración, por su pertenencia plena y entrega total a Dios» (ibid. No 28).
La exigencia del compromiso de ustedes puede parecer a sus
contemporáneos difícil de comprender y casi imposible de vivir. No se preocupen
por esto! En realidad, fieles y humildes, ustedes dan un testimonio del cual el
mundo tiene necesidad. Su libre opción por el celibato, la renuncia a los bienes
y la obediencia, constituye una respuesta a los interrogantes que muchos se
plantean sobre los auténticos valores de la vida. Pues la práctica de los
consejos evangélicos no tiene otro sentido que el manifestar, con un corazón
indiviso, el amor infinito de Dios, suprema riqueza del hombre, y la belleza
liberadora de una dependencia filial y no servil (Ver Vida consagrada, No 21).
Ustedes tienen la vocación de ser para el mundo signos vivos de Dios,
«reproduciendo la imagen de su Hijo» (Rom 8,29).
5. Ustedes que vinieron a representar a los consagrados de
todo el occidente de Francia, dan una imagen de la diversidad de los carismas
que inspiran su compromiso en la vida contemplativa o apostólica, en los
institutos seculares o en la orden de las vírgenes consagradas.
Sé que muchos de ustedes están
sufriendo muy preocupados por la disminución del número de vocaciones y el
envejecimiento de las congregaciones. Se les pide así misteriosamente una forma
de participación en la Cruz. Pero esta prueba, no es el final de una historia.
Reconozco ciertamente la admiración que suscitan la fidelidad, el celo, la
creatividad de los religiosos y religiosas incluso de edad avanzada. La obra
realizada por muchas congregaciones fundadas en la región de ustedes ha sido
considerable, para la reconstrucción de la Iglesia del siglo pasado, la
educación, el cuidado de los enfermos, la participación en la vida pastoral. Se
dice justamente cuan útil es que el Evangelio sea anunciado «con el acento del
propio país»! Pongan en práctica hoy con entusiasmo los carismas de sus
fundadores. Continúen escribiendo la historia viva de sus congregaciones.
Quisiera también rendir homenaje aquí a un gran número de
misioneros que han salido del Oeste de Francia hacia el mundo entero, a los que
aún están presentes en muchos países. Y puedo decirles que siempre hay una gran
necesidad de la presencia de personas consagradas en las jóvenes Iglesias.
6. El testimonio de ustedes y su apostolado son una
riqueza para las comunidades locales. Tengan la audacia de dar a conocer la
calidad de su experiencia, el sentido de su espiritualidad y de los carismas de
sus diversas fundaciones, la alegría de servir. Sea para el clero diocesano como
para los laicos, la presencia de los consagrados sigue siendo un precioso
estímulo y con frecuencia un elemento indispensable para la evangelización.
Atentos a las necesidades de nuestro tiempo y fieles a las intuiciones
originarias, los consagrados, estoy convencido de ello, permiten a los jóvenes
comprender la llamada del Señor a servirle con el don total de sí mismos.
7. La ofrenda de sus vidas tiene una misteriosa
fecundidad, sea día a día o a la hora de la Cruz. Pienso en el sacrificio de
muchos religiosos en nombre del Evangelio y por fidelidad a la Iglesia, en esta
tierra o en tierras lejanas. Evoco aquí con emoción a los siete Hermanos
trapistas de Nuestra Señora de l’Atlas, recordándome que tres de ellos fueron
monjes de la vecina Abadía de Bellefontaine. Como otros religiosos y religiosas
apostólicos, han sido hasta la muerte testigos puros y desinteresados del amor
de Cristo en medio a hermanos en humanidad a los que no desearon otra cosa que
servir. Continuemos orando para que su sacrificio se convierta en fuente de vida
y para que su presencia ante el Señor sostenga a sus hermanos y hermanas de hoy.
Quisiera concluir diciéndoles de nuevo con las palabras de
Grignion de Montfort cómo su vida encuentra todo su sentido en la persona de
Cristo: «Dios no nos ha dado otro fundamento de salvación, perfección y gloria
que Jesucristo» (Verdadera Devoción, n, 61). Orando con él, invoquemos al Señor
con la Santísima Virgen: «Tú, Señor, estás siempre con María, y María está
siempre contigo» (ibid, No 63). Que la ternura maternal de la Madre del Señor
les guíe cada día en el camino de seguimiento de Jesús para « tributar al Padre
en la unidad del Espíritu Santo todo honor y gloria; hacernos perfectos y ser
olor de vida eterna para nuestro prójimo» (ver ibid, No. 61).
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Como Peregrino y Pastor…
Desde los campos montañosos que circundan la pequeña
ciudad, todo parecía normal y tranquilo: los campos de la Vandé, las mieses, los
rebaños. Pero abajo, en san Lorenzo, desde el 18 de septiembre, la realidad era
ciertamente muy diferente. A todo lo largo del pueblo, desde ventanas y balcones
se veía ondear el amarillo y blanco de la bandera papal. En Betania, Centro de
espiritualidad de las hermanas, estaban alojados 150 agentes de policía y
miembros de los servicios especiales ultimando las medidas de seguridad en san
Lorenzo con ocasión de la visita del Papa. Estos policías y militares, muy
corteses y profesionales, habían tomado muy en serio el fallido atentado con una
bomba en la Basílica, la semana precedente. El miércoles por la tarde los
cohermanos y las hermanas estaban cansados de semanas de preparación detallada y
de las innumerables entrevistas solicitadas por la radio, prensa y televisión.
Pero se sentían orgullosos de ver cómo Montfort y su herencia espiritual eran
bien presentados ante la nación y el mundo entero. El Comité de coordinación,
compuesto por representantes del Gobierno, de la Diócesis de las Hijas de la
Sabiduría, de los Hermanos de san Gabriel, de los Monfortianos y de la parroquia
, realizó un trabajo extraordinario. De nuestra parte, el P. Marcel Gendrot,
superior de la casa ‘du St-Esprit’ y el P. Michel Simonnet, párroco de san
Lorenzo, se comprometieron a fondo en la organización del acontecimiento. Les
debemos nuestros sinceros agradecimientos.
La lluvia que
cayó durante la noche y casi todo el día 19 de septiembre no enfrío el ardor de
los Monfortianos ni de los Vandeanos. Se esperaba la llegada del helicóptero del
Papa a las 5 de la tarde. En los jardines de la Sabiduría, 3.000 jóvenes de las
escuelas locales de las Hijas de la Sabiduría y de los Hermanos de san Gabriel,
lo mismo que 3.000 moradores de san Lorenzo, se disponían a acoger al Papa.
Ellos verían al Papa en su ‘Papamóvil’ y después podrían seguir las ceremonias
gracias a la ayuda de los altoparlantes. En la Basílica, 1200 personas estaban
esperando ansiosas. Había representantes oficiales del gobierno francés,
presididos por el ministro de relaciones exteriores, unos 15 obispos y 5
cardenales, representantes de los Institutos de vida consagrada de las 12
diócesis del occidente del país. Entre ellos, 150 miembros de la Familia
Monfortiana, sin contar a quienes, en la capilla de la Sabiduría y en las
diversas enfermerías, podían seguir el acontecimiento por televisión.
La potente iluminación instalada para la transmisión
televisiva hacía resaltar mejor el buen gusto de los parroquianos que habían
decorado el santuario y las tumbas de los Fundadores. De pie, en su papamóvil,
el Papa Juan Pablo II, bien visible con su capa escarlata y saludando con las
manos a la muchedumbre, llegó a la puerta de la Basílica. Un grupo de muy
jóvenes alumnos de la escuela de San Luis María de Montfort, en san Lorenzo,
llenos de emoción y desbordantes de júbilo, con ramos de flores en las manos,
estaban ahí para acogerlo. Sobra decir que el santo Padre se deleitaba y los
abrazaba calurosamente. En seguida fue acogido por los Superiores Generales de
las Hijas de la Sabiduría, de los Hermanos de san Gabriel y de los Misioneros
Monfortianos, lo mismo que por el Abad de Bellefontaine y representantes de los
religiosos del occidente de Francia. En medio de aplausos, cantos y sonrisas, el
Papa iba descendiendo por la nave lateral, estrechando las manos, saludando a
todos y cada uno, impartiendo bendiciones. Poco a poco se fue acercando hasta
llegar a la tumba de Montfort y de María Luisa.
Al tener el privilegio de encontrarme a poca distancia del
Papa, no tengo palabras para describir su momento de oración ante la tumba de
Montfort. Cayó de rodillas y se sumió en actitud de profunda plegaria; todo su
cuerpo parecía irradiar la alegría de haber llegado por fin al lugar del último
reposo de Montfort. Me lo imagino agradeciéndole por toda una vida a lo largo de
la cual las enseñanzas de san Luis María han sido fuente de tantas gracias para
su corazón y ministerio. En la Basílica, todos respetaron su plegaria silenciosa
uniéndose a él. Yo mismo quedé admirado al ver que incluso la nube de fotógrafos
que rodeaban al santo Padre, después de haber ocupado el sitio durante algunos
minutos de rumor y de funcionar sus aparatos , no teniendo finalmente nada más
que fotografiar o filmar, se debieron unir también a la plegaria silenciosa. No
hubo más movimiento ni ruido. Todo era interioridad.
Después el Papa se revistió para las Vísperas solemnes de
san Luis María de Montfort. Luego de las palabras de bienvenida de Mons.
Garnier, obispo de Luçon, del P. Considine, a nombre de la familia Monfortiana y
de una religiosa a nombre de los Institutos de Vida consagrada del occidente de
Francia, la asamblea comenzó la celebración vespertina. ¡Qué celebración!
Alegre, orante, profundamente conmovedora! El director del coro de la catedral
de Luçon había compuesto la música de los salmos y de las antífonas. Las
antífonas: "El Señor me ha enviado para evangelizar, en una manifestación de
Espíritu y de poder" y "Nosotros predicamos a Cristo crucificado, Cristo poder
de Dios y Sabiduría de Dios" cantadas por el coro y la asamblea producían un
efecto maravilloso. Fue realmente una intensa experiencia de Oración Litúrgica y
de Iglesia en oración. Mil doscientas personas que se encuentran por primera vez
para orar juntas, pero que al mismo tiempo durante décadas y décadas han orado
los mismos salmos en el mismo Espíritu… Y todo ello, alrededor del Santo Padre,
presente como Peregrino y Pastor de la Iglesia Universal, como un fiel y humilde
testigo de la verdad, que no obstante su avanzada edad y enfermedad, vibra
apasionadamente en todo lo que le concierne respecto a la Iglesia y al mundo.
Ustedes encontrarán en el presente ÉCHO el texto completo
de la homilía del Papa. Quiero compartirles el impacto conmovedor y la
convicción de toda una vida de testimonio personal cuando el Santo Padre habló
del bautismo y de la consagración monfortiana a Jesús Sabiduría por las manos de
María. Con una voz clara y segura, humilde y llena de emoción, pronunció las
palabras de la fórmula de consagración: «Yo, - aquí se pronuncia el nombre, por
ejemplo, Luis María, o Juan Pablo o Carlos - pecador infiel, renuevo y ratifico
hoy en tus manos (en las manos de María) los votos de mi bautismo; renuncio para
siempre a Satanás, a sus pompas y a sus obras y me entrego totalmente a
Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz en su seguimiento todos
los días de mi vida…». Al emplear su propio nombre de bautismo, su nombre de
Papa y el nombre de san Luis María, entretejió toda su vida con la experiencia
de Montfort. Después, dejando a un lado el texto escrito, añadió con dulzura:
"La repetimos cada día".
Después de las Vísperas, se le ofrecieron al Papa regalos
a nombre de la diócesis , de la parroquia y de la familia monfortiana. La
parroquia de san Lorenzo le ofreció una reproducción del cuadro de Montfort y
María Luisa que se encuentra junto a sus tumbas, así como una "maleta de
peregrino" llena de cartas personales, de fotos y de diversos objetos ofrecidos
por los parroquianos. La Familia monfortiana le presentó una reproducción del
manuscrito del Tratado de la Verdadera Devoción encuadernado en cuero, y una
reliquia de san Luis María. Después de esto, el Papa ofreció al P. Simonnet un
precioso cáliz para la parroquia de san Lorenzo.
El Papa dejó el Santuario tomándose el tiempo para saludar
calurosamente a cada obispo, estrechando las manos a la muchedumbre e
intercambiando una palabra con una u otra persona, hasta la salida de la
Basílica, mientras que los aplausos y los cantos le acompañaban. A la salida,
aún llovía y hasta fuerte! Pero nadie parecía preocuparse de la lluvia, ni
siquiera los que debían caminar a buena distancia en la oscuridad para retornar
a su carro. Todos se habían dado cuenta más que nunca hasta qué punto Montfort
ha penetrado en el corazón y en la vida de Juan Pablo II y hasta que punto
Montfort puede seguir aún seduciéndonos.
William Considine, s.m.m.
Superior General
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-
Al Reverendo Padre William
Considine, Superior general de la Compañia de María
-
Al Reverendo Hernano Jean Friant, Superior
general de los Hermanos de la Instrucción cristiana de San Gabriel.
-
A la Reverenda Madre Bárbara O'Dea, Superiora
general de las Hijas de la Sabiduría.
1. La familia monfortiana va a abrir un año dedicado a la
celebración del quincuagésimo aniversario de la canonización de san Luis María
Grignion de Montfort, que tuvo lugar en Roma el 20 de julio de 1947. Con la
Compañía de María, los Hermanos de San Gabriel y las Hijas de la Sabiduría, me
alegra dar gracias al Señor por la irradiación creciente de este santo
misionero, cuyo apostolado se alimentaba de una profunda vida de oración, de una
fe inquebrantable en Dios Trinidad y de una intensa devoción a la Santísima
Virgen María, Madre del Redentor.
Pobre entre los pobres, profundamente integrado en la
Iglesia no obstante las incomprensiones que afrontó, san Luis María tomó como
divisa estas sencillas palabras: «Dios solo». Cantaba: «Dios solo es mi ternura,
Dios solo es mi apoyo, Dios solo es todo mi bien, mi vida y mi riqueza» (Cántico
55,11). En él, el amor a Dios era total. Con Dios y por Dios iba hacia los demás
y marchaba por los caminos de la misión. Consciente continuamente de la
presencia de Jesús y de María, era con todo su ser un testigo de la caridad
teologal que deseaba compartir. Su acción y su palabra no tenían otro fin que
llamar a la conversión y hacer que se viviera de Dios. Sus escritos son
igualmente testimonios y alabanzas del Verbo encarnado y también de María, «obra
maestra del Altísimo, milagro de la Sabiduría eterna» (ver Amor de la Sabiduría
eterna, n. 106).
2. El mensaje que nos dejó el Padre de Montfort se
fundamenta, de modo inseparable, en las meditaciones místicas y en la pedagogía
pastoral del apóstol. A partir de las grandes corrientes teológicas difundidas
por aquel entonces, expresaba la fe personal en función de la cultura de su
época. El estilo poético y, al mismo tiempo, familiarmente cercano a sus
interlocutores, puede sorprender a nuestros contemporáneos, pero eso no debe
impedir inspirarse en sus intuiciones fecundas. Por eso, el trabajo realizado
hoy por la familia monfortiana es precioso, puesto que ayuda a los fieles a
captar la coherencia entre una visión teológica y espiritual orientada hacia una
vida intensa de fe y de caridad.
San Luis María impacta sobre todo por su espiritualidad
teocéntrica. Posee «el gusto de Dios y de su Verdad» (Amor de la Sabiduría
Eterna, n. 13) y sabe comunicar su fe en Dios, del cual expresa a la vez su
majestad y dulzura, puesto que Dios es fuente desbordante de amor. El Padre de
Montfort no duda en descubrir a los más humildes el misterio de la Trinidad, que
inspira su oración y reflexión sobre la Encarnación redentora, obra de las
Personas divinas. Quiere hacer captar la actualidad de la presencia divina en el
tiempo de la Iglesia. Escribe fundamentalmente: « La forma en que procedieron
las tres divinas personas de la Santísima Trinidad en la encarnación y primera
venida de Jesucristo, la prosiguen todos los días, de manera invisible, en la
santa Iglesia, y la mantendrán hasta el fin de los siglos en la segunda venida
de Jesucristo» (Tratado de la Verdadera Devoción n. 22). En nuestra época, su
testimonio puede ayudar a cimentar de manera vigorosa la existencia cristiana en
la fe en el Dios vivo, en una cálida relación con Él y en una sólida experiencia
eclesial, gracias al Espíritu del Padre y del Hijo, cuyo reino continúa
actualmente (ver Súplica Ardiente, n. 16).
3. La presencia de Cristo domina el pensamiento de
Grignion de Montfort: « El fin último de toda devoción debe ser Jesucristo,
Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre» (Tratado de la Verdadera
Devoción, n. 61). La Encarnación del Verbo es para él la realidad absolutamente
central" «¡Oh Sabiduría eterna y encarnada, […], te adoro profundamente en el
seno y esplendores del Padre durante la eternidad, y en el seno virginal de
María, tu dignísima Madre, en el tiempo de la Encarnación» (Amor de la Sabiduría
Eterna n. 223). La celebración apasionada de la persona del Hijo de Dios
encarnado, que se encuentra en toda la enseñanza del Padre de Montfort, conserva
hoy su inestimable valor, puesto que surge de una concepción equilibrada desde
el punto de vista de la doctrina y conduce a una adhesión total del ser a Aquel
que ha revelado a la humanidad su verdadera vocación. Ojalá los fieles puedan
comprender esta exhortación: «Jesucristo, Sabiduría eterna, es todo cuanto
puedes y debes desear. Anhela poseerlo. Corre en busca suya, […] la perla
incomparable y preciosa» (ibid., n. 9)!
La contemplación de los grandes misterios de Jesús va a la
par con el de la Cruz de la cual Montfort hacía el mayor signo en las misiones.
Con frecuencia probado duramente, conoció en carne propia su peso, como lo
manifiesta en una carta a su hermana a quien le pide orar por él para "obtener
de Jesús crucificado la fuerza para llevar las más arduas y pesadas cruces"
(Carta 24). De día en día, practica la imitación de Cristo en lo que llama el
amor loco de la Cruz, en la cual ve "el triunfo de la Sabiduría eterna" (Amor de
la Sabiduría Eterna, Cap. XIV). Por el sacrificio del Calvario, el Hijo de Dios,
se hizo pequeño y humilde hasta el extremo, adquiriendo la condición de sus
hermanos sometidos al sufrimiento y a la muerte. Cristo manifiesta así, de
manera elocuente, su amor infinito y abre para la humanidad el camino de una
vida nueva. Luis María, quien seguía al Señor y hacía "de la Cruz su morada"
(ibid. n. 180), da un testimonio de santidad al que también están llamados sus
herederos en la familia monfortiana para manifestar al mundo la verdad del amor
salvador.
4. Para conocer la Sabiduría eterna, increada y encarnada,
Grignion de Montfort invitó constantemente a poner toda la confianza en la
Santísima Virgen, tan inseparablemente unida a Jesús, que "primero se separaría
la luz del sol" (Verdadera Devoción, n. 63). Permanece como un incomparable
poeta y discípulo de la Madre del Salvador, a quien celebra como la que conduce
seguramente a Cristo: "Si establecemos la sólida devoción a la Santísima Virgen,
es sólo para establecer más perfectamente la de Jesucristo y ofrecer un medio
fácil y seguro para encontrar al Señor" (ibid., n. 62). Puesto que María es la
criatura escogida por el Padre y entregada totalmente a su misión materna. Al
entrar por su libre consentimiento en unión con el Verbo, se encuentra asociada
de manera privilegiada a la Encarnación y a la Redención, desde Nazaret hasta el
Gólgota y el Cenáculo, en fidelidad absoluta al Espíritu Santo. Ella "halló
gracia delante de Dios para todo el mundo en general y para cada uno en
particular" (ibid., n. 164).
San Luis María invita también a entregarse totalmente a
María para acoger su presencia en el fondo del alma. "María viene, finalmente, a
ser indispensable para esta alma en sus relaciones con Jesucristo: Ella le
ilumina el espíritu con su fe, le ensancha el corazón al infundirle su humildad,
le dilata e inflama con su caridad, le purifica con su pureza, le ennoblece y
engrandece con su maternidad" (El Secreto de María, n. 57). El recurso a María
lleva siempre a darle a Jesús un puesto más grande en la vida. Es significativo,
por ejemplo, que Montfort invita a los fieles a dirigirse a María antes de la
comunión: "Suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir
en él a su Hijo con sus propias disposiciones". (Verdadera Devoción, n. 266).
En nuestro tiempo en el que la devoción a María está llena
de vida, pero no siempre suficientemente clara, será bueno volver a encontrar el
fervor y el tono justo del Padre de Montfort para dar a la Virgen el verdadero
lugar y aprender a orarle: " ¡Oh Madre de misericordia! Alcánzame la verdadera
Sabiduría de Dios, colocándome para ello entre aquellos a quienes amas, enseñas,
diriges. [...] ¡Oh Virgen fiel! Haz que yo sea en todo tan perfecto discípulo,
imitador y esclavo de la Sabiduría encarnada, Jesucristo, tu Hijo" (El Amor de
la Sabiduría eterna, n. 227). Sin duda se requieren algunas transposiciones del
lenguaje. Pero la familia monfortiana debe continuar su apostolado mariano en el
espíritu de su fundador, a fin de ayudar a los fieles a mantener una relación
viva e íntima con aquella a quien el Concilio Vaticano II honró como a miembro
supereminente y absolutamente único en la Iglesia, recordando que "como ya
enseñó san Ambrosio, la Madre de Dios es modelo de la Iglesia en el orden de la
fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo" (Const. Iglesia, n. 63).
5. El año monfortiano llama la atención sobre los ejes
principales de la espiritualidad de san Luis María, pero también es muy oportuno
recordar que él fue un misionero de extraordinario resplandor. Ya desde su
ordenación, escribía: "Siento grandes deseos de hacer amar a Jesucristo y a su
Santísima Madre, de ir de manera pobre y sencilla, a hacer el catecismo a los
pobres". Vivió en total fidelidad a esta vocación que compartirá con los
sacerdotes que se le unieron. En la "Regla de los Padres misioneros de la
Compañía de María", invita al misionero apostólico a predicar con sencillez,
verdad, sin miedo y con caridad, "y con santidad, no mirando sino a Dios, sin
otro interés que el de la gloria divina y practicando primero él lo que enseña a
los demás". (n. 62).
Cuando se impone en la mayor parte de las regiones del
mundo la necesidad de una nueva evangelización, el celo del Padre de Montfort
por la palabra de Dios, su solicitud por los más pobres, su actitud de hacerse
comprender de los más sencillos y de estimular la piedad, sus cualidades de
organizador, sus iniciativas para prolongar el fervor por la fundación de
movimientos espirituales o para comprometer a los laicos en el servicio de los
pobres, todo ello, con las debidas adaptaciones, puede inspirar a los apóstoles
de hoy. Una de las constantes en las numerosas misiones predicadas por san Luis
María, merece ser destacada hoy: pide la renovación de las promesas del
bautismo, haciendo de este camino un prerrequisito para la absolución y la
comunión. Esto adquiere hoy una apremiante actualidad en este primer año
preparatorio al gran Jubileo del Año 2.000, consagrado precisamente a Jesucristo
y al sacramento del Bautismo. Montfort había comprendido muy bien la importancia
de este sacramento que consagra a Dios y constituye la comunidad, así como la
necesidad de redescubrir, con una firme adhesión de fe, el alcance de los
compromisos bautismales.
Caminante del Evangelio, inflamado por el amor de Jesús y
de su santa Madre, supo conmover a las multitudes y hacerles amar a Cristo
Redentor contemplado en la Cruz. ¡Pueda él sostener los esfuerzos de los
evangelizadores de nuestro tiempo!
6. Queridos hermanos y hermanas de la gran familia
monfortiana, en este año de oración y de reflexión sobre la preciosa herencia de
san Luis María, les animo a hacer fructificar este tesoro que no debe permanecer
escondido. La enseñanza de su fundador y maestro abarca los temas que toda la
Iglesia medita en la proximidad del gran Jubileo; va señalando el camino de la
verdadera Sabiduría, que es necesario abrir a tantos jóvenes que buscan el
sentido de sus vidas y el arte de vivir.
Acojo sus iniciativas para difundir la espiritualidad
monfortiana, de la manera que conviene a las diferentes culturas, gracias a la
colaboración de los miembros de sus tres Institutos. Sean también un apoyo y un
punto de referencia para los movimientos que se inspiran en el mensaje de
Grignion de Montfort, para dar a la devoción mariana una autenticidad siempre
más segura. Renueven su presencia entre los pobres, su inserción en la pastoral
eclesial y su disponibilidad para la evangelización.
Confiando su vida religiosa y su apostolado a la
intercesión de Luis María Grignion de Montfort y a la bienaventurada María Luisa
Trichet, les concedo de todo corazón, lo mismo que a todos los que les son
cercanos y a quienes sirven, la Bendición apostólica.
El Vaticano,
21 de junio de 1997
Joannes Paulus II
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