| Yo quisiera, Señor,
recibirte con aquella pureza, humildad y devoción con que te recibió
tu santísima Madre; con el espíritu y fervor de los santos. |
O
bien:
Jesús mío creo firmemente
que estás en el Santísimo Sacramento del altar.
Te amo sobre todas las cosas y deseo tenerte en mi alma. Ya que ahora
no puedo recibirte sacramentalmente, ven
espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieses venido, te abrazo y
me uno a ti: no permitas que me aparte de ti.
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